viernes, 10 de marzo de 2017

RESEÑA DE "CATÁLOGO DE DECISIONES Y FRAGILIDADES", DE TONI ÁLVARO


“Catálogo de decisiones y fragilidades” (El Lokal, Barcelona, diciembre de 2016), de Toni Álvaro es una colección de efemérides, de personas y acontecimientos en los que la dignidad y la vida se confrontan con la muerte y la impunidad. Hechos y vidas que nos hablan de que justicia y estado de derecho no son más que un oxímoron, parte del espectáculo que, en realidad, no hacen más que ocultar la brutalidad inherente al capitalismo. “Catálogo de decisiones y fragilidades” es una lectura obligada para quienes aún sienten, para quienes aman la vida. 
 
“Catálogo de decisiones y fragilidades” (El Lokal, 2016), de Toni Álvaro (Cerdanyola del Vallès, 1963), tiene su origen en la cuenta de Facebook del autor, La Boca d´Or (leáse l´abocador, en catalán, el vertedero), donde publicó una suerte de obituarios, pequeñas biografías, efemérides, pinceladas llenas de amor y odio, de ironía y cinismo, que, a propuesta de El Lokal, se han convertido en libro: un acierto, ya que el papel permite una lectura pausada y abierta a las emociones, a los sentimientos; amén de darle una unidad que permite, a diferencia de la fragmentación fascicular del Facebook, aprehender el hilo que enlaza a personas de diferentes lugares, a feministas, antimilitaristas, sindicalistas, poetas, anarquistas, comunistas, republicanos, milicianos, resistentes … El hilo de la disidencia y la vida. 

Opresores y oprimidos 

En estos tiempos, marcados por los debates sobre la Justicia y las dobles varas de medir, “Catálogo de decisiones y fragilidades”, de obligada lectura, nos enseña que el actual estado de las cosas, marcado por la corrupción y la represión, no es nuevo: siempre existieron dos varas de medir; siempre hubo poderosos y oprimidos; y el monopolio de la violencia no es una teoría, palabras huecas, sino un proceder habitual para que esos poderosos hayan podido, y puedan, mantener sus privilegios. 

Toni Álvaro nos hace llegar a tales conclusiones presentándonos un catálogo de personas y acontecimientos donde a la hora de actuar, de tomar una decisión, la dignidad y la bonhomía, la solidaridad, primaron sobre personalismos y egoísmos. Olvido, humillación e impunidad es lo que las personas o colectivos retratados por Toni recibieron a cambio de su proceder, de su disidencia. 

En el prólogo, Guillem Martínez, veterano amigo del autor, anuncia a la perfección con que nos vamos a encontrar leyendo “Catálogo…”: “No lo sabíamos aún, pero en la vida, acabas eligiendo muchas cosas. No son cosas escasas, pero son cosas tontas. Las grandes decisiones son un conjunto de decisiones tontas. Decidirte, es algo que haces poco a poco. Sin darte cuenta. En aquella época, nos fascinaban las personas que habían elegido todas esas pequeñas cosas que conforman una persona íntegra. Que habían tomado grandes decisiones. Ignorábamos que, como nosotros, lo habían hecho poco a poco, sin darse cuenta. Para nosotros, esas personas que habían elegido, eran, en todo caso, héroes. De hecho, estábamos rodeados de héroes. No eran los que salían por la tele, en cada noticiario. Eran personas próximas”. 

Esas personas próximas, esos héroes, se encuentran en la Europa de los siglos XIX y XX, en Ucrania, Alemania, en la Comuna de París; pero también en la Plaza de Mayo, en la Barcelona de 1937, en la Hondarribia de los 70, en el Madrid de la transición … Enrique Ruano, Yolanda González, Conchita Guillén, Jesús Mari Zubikarai, los abogados de Atocha, José Couso, Casilda Hernáez, Gladys del Estal, Elsa Sánchez de Oesterheld, Germán Rodríguez, Norma Mentxaka, Azucena Villaflor, Ramón Acín, la huelga de La Canadiense, el atentado contra “El Papus”, los últimos fusilados de Franco, la liberación de París, la invasión de Panamá: personas y hechos, anónimos en unos casos; conocidos, en otros. 

Información, lirismo e ironía 

En total, son ciento veintidós las entradas, los capítulos, de los que se compone “Catálogo …”, ordenados en base a un día del año relacionado con el suceso o la persona. La información que el libro nos ofrece, por lo tanto, es ingente; como debió serlo, imagino, la labor de documentación previa. 

Nos recuerda hechos y personalidades, señaladas, conocidos por la gente, presentes en el recuerdo y nos da noticia de personajes anónimos, rescatados del olvido, que, a buen seguro, no dejarán a nadie indiferente. Además, ofrece datos y perspectivas novedosas sobre lo ya conocido: yo, al menos, por ejemplo, ignoraba los detalles del fusilamiento de Juan Paredes Manot, Txiki, o que el Día internacional de los Derechos Humanos se celebre el 10 de diciembre porque es el día en que fue desaparecida Azucena Villaflor, una de las fundadoras de las Madres de la Plaza de Mayo.
También, como más arriba señalábamos, esta edición en libro permite dar unidad a estas ciento veintidós entradas haciendo que el lector descubra el hilo común que une a todos ellos, el tejido por la dignidad, por la vida y por la disidencia. 

Un buen número de capítulos tienen como objeto a luctuosos hechos acontecidos durante la transición española, hechos caracterizados por la brutalidad de las fuerzas de seguridad del estado y los grupos de incontrolados, así como por la impunidad con la que fue premiada esa violencia suya que, lejos de ser el último coletazo del búnker franquista, fue funcional a los que Toni Álvaro llama “buhoneros de la transición”, a los que disfrazaron la continuidad del régimen y sus gestores (económicos, políticos, culturales) de regreso de la democracia. Y de aquellos barros, vienen los lodos actuales. 

Así, en el capítulo del 10 de octubre de 1974, dedicado a Francisco Javier Alonso Castillejo, joven muerto por la policía cuando conducía un coche robado, crimen que quedo impune, escribe el autor: “La pequeña delincuencia siempre ha salido más cara que la delincuencia a gran escala. A Juan Vilà Reyes (Matesa), Jesús Gil (Los Ángeles de San Rafael), Edmundo Alfaro (Fidecaya) y Eugenio Peydró (Sofico), no les fue nada mal, ni en su cuenta corriente ni en los tribunales. Llamar justicia a ciertos tribunales resultaría excesivo. La corrupción viene a ser la novena ley fundamental del franquismo, la no escrita y como tal aún perdura”. 

Apropiado, revelador, anunciábamos antes, en estos tiempos de debate sobre la doble vara de medir del Estado y las monas que se visten de seda. 

El lenguaje de Toni Álvaro, claro, directo, articulado en torno a frases cortas que se suceden como ráfagas está teñido con grandes dosis de humor negro, ironía y cinismo: solo de este modo se puede aplacar el dolor que causa leer o escribir todos estos hechos donde la impunidad, la humillación, la violencia, la muerte asoman tan a menudo. “Los fascistas no tienen madre, los parió el odio en incesto con la ignorancia”, escribe a cuenta del asesinato de Julia Lanteri, en Buenos Aires, en 1932. 

De muestra sirve también este botón, esta perla, de la entrada del 8 de septiembre de 1976, asesinato en Hondarribia de Jesús María Zabala Erasun: “En verano de 1976 no hay fiesta patronal que se precie en Euskal Herria que no incluya en sus actividades la actuación en carne viva y riguroso directo al cráneo, de una dotación de la Guardia Civil cargando con malas intenciones”. 

O esta otra, al hilo de la muerte, el 23 de noviembre de 1955, de la antimilitarista Milly Witkop: “… los progromos, esos planes quinquenales de limpieza étnica”. 

La lectura del libro provoca llanto. Un llanto que, en ocasiones, es hermano al que brota leyendo libros como “El escarmiento”, de Sánchez-Ostiz; y, en otras, es hijo de la alegría, de la felicidad por las victorias, por los ejemplos de dignidad y por el cariño, pleno de lirismo, con el que Toni Álvaro trata a esos héroes que tomaron aquellas pequeñas decisiones. Dejo aquí dos párrafos, dos momentos vibrantes del libro, que ilustran lo dicho: 

9 de diciembre de 2015, muerte del anarquista Enric Casañas: “Los buhoneros de la transición precisaban liquidar todo movimiento social y de disidencia. Casañas no se rindió y siguió viviendo. Consideraba el anarquismo un acto de vida. Más allá de una idea hermosa es algo que pervive en gestos, actitudes … Así que cuando usted ayude a alguien sin cargar el favor en cuenta, cuando entre en un abrazo o comparta una carcajada, sepa que está rindiendo un sentido homenaje a Enric Casañas y otros como él, aunque no les conozca porque no salen en los telediarios”. 

6 de enero, noche de Reyes en Aiscondel: “Allí trabajó mi padre nueve años. Salió con su carnet y manteniendo su voto a los restos del PSUC, ahí, de derrota en derrota. Mis manos mi capital. Y su lumbago, y sus rodillas castigadas, y el dolor de espalda. Con el tiempo dejaron de repartir juguetes a los hijos de los obreros y empezaron a repartir hostias a los obreros. A él le dieron unas cuantas metafóricas y muy reales, a escoger. Le partieron la cara y le quebraron un huevo de esperanzas, pero mantuvo intactas la dignidad y la honestidad. Y esos son los mejores regalos que he tenido, porque los Reyes son los padres”. 

Un texto de Álvaro Hilario Pérez de San Román

Azpijoko ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario