jueves, 1 de diciembre de 2016

MERCADONA Y SALVADOS


¿Les sorprendió las numerosas caras ocultas que se mostraron en el programa “Salvados” del domingo 27 de noviembre dedicado a la corporación Mercadona? Seguro que no. Se lo esperaban.
¿Les sorprendió que casi ningún trabajador estuviera dispuesto a dar su testimonio? Me imagino que no. Incluso tienen experiencia. Servidora la tiene.
¿Les sorprendió que de las empresas vinculadas de forma exclusiva con Mercadona, las que fabrican sus productos, sólo una, con cara tapada y a media luz (la otra que habló está más feliz que diez), se atreviera a hablar y a señalar aristas críticas?
¿No roza la inconstitucionalidad que algunos convenios obliguen a los trabajadores a no hablar nunca en términos críticos de la empresa incluso en su vida personal o en sus prolongaciones? En una cena, en un comentario, en un artículo, etc.

¿Qué pensar de los testimonios-reflexiones de los jefes que aparecieron en el programa? Sin ningún ánimo de menosprecio o descortesía: ¿por qué enmudecía el ejecutivo que enmudeció? ¿No parecía un disco repetido y aprendido lo dicho por la ejecutiva que apareció en primer lugar? ¿Qué pensar, desde un punto de vista moral, de lo señalado -y las formas- del tercer mando empresarial? ¿ Hay o no hay lavado de cerebro?
¿Trabajo sectario tal vez?
¿Una empresa que controla las actividades de otras empresa supuestamente independientes debe merecer nuestros elogios?
Criterio central: “ser más eficaces”. Es decir, hacerlo todo más barato, con menos costes, extrayendo el máximo beneficio. La ley máxima.
¿Unas condiciones laborales que parecen mucho mejores que los de otras empresas del sector que se conviertan en cosa muy distinta cuando se las observa en la “intimidad” y con microscopio? ¿No hay o no hay tendencia a que haya una relación salarial de amo y mando?
Y así siguiendo. No les canso.
Seguro que casi o nada les sorprendió.
A mí, en cambio, sí. Una cosa.
La compañera trabajadora que apareció en la primera parte del programa explicó la causa desencadenante de su entrada en desgracia y persecución: su intención de presentarse en unas elecciones sindicales en la listas de la Confederación Intersindical Gallega. El jefe se enteró antes de que fuera público, no se sabe cómo pero podemos imaginarlo. Los chivatos son los chivatos. La mandó llamar, le señaló el “disparate” humano y laboral que iba a cometer y le sugirió la posibilidad de presentarse en las listas de CCOO o UGT. Entonces, en ese caso, le señaló, no habría ningún problema.
¿Por qué una dura persecución en el caso de presentarse con CIG y todo lo contrario si su elección hubiera sido CCOO o UGT? ¿Pactos, acuerdos secretos con la patronal?
¿Pero no eran sindicatos de clase que estaban por la libertad sindical? ¿No les da rabia y un poco-mucha vergüenza?

Un texto de Rosa Guevara Landa
Azpijoko ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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