martes, 9 de febrero de 2016

UNA EMPRESA DE TEL AVIV OFRECE MUJERES PARA LA LIMPIEZA A DIFERENTES PRECIOS, EN FUNCIÓN DE SU ORÍGEN ÉTNICO


Una empresa de servicios de limpieza y faenas domésticas en el norte de Tel Aviv ha tomado el término "recursos humanos" a un nivel completamente nuevo con la distribución de un folleto que muestra los precios de sus trabajadoras de limpieza en función de su origen étnico.

El anuncio, que se distribuyó en una de las zonas más ricas de Tel Aviv, fue primero publicado en Facebook por el blogger político Tal Schneider, que recibió el volante de manos de un conocido.

Comenzando con una lista de preguntas banales, el anuncio pregunta: ¿Necesita personal doméstico? ¿Está cansado de la contratación de trabajadores extranjeros ilegales y de pagar multas? ¿No está preparado para tener un trabajador de limpieza árabe por razones de seguridad? ¿Está cansado de emplear de acuerdo con la ley y ser demandado por los trabajadores temporales?

El folleto presenta a continuación, la "solución" a todos estos problemas desagradables y costosos ofreciendo trabajadoras de limpieza “únicamente legales" con precios por hora escalados de acuerdo con el origen étnico de la trabajadora.

La mano de obra barata proviene de empleadas de los países africanos, ofrecidas por 49 NIS –nuevo shekel israelí (N. de T.)- por hora. Un poco más caras son las trabajadoras de Europa del Este, 52 NIS por hora. De lejos, las trabajadoras más caras provienen de Europa del Este con ciudadanía israelí, a 69 NIS por hora.

El volante también se refiere a los trabajadores de limpieza exclusivamente en género femenino (el hebreo es un lenguaje de género) que, en conjunto con la foto ilustrativa de una relajada (y blanca) mujer que limpia una ventana, suma a la mezcla un golpe rotundo de sexismo.

La percepción inmediata -entre muchas– de que se trata de una sátira diseñada para resaltar el extenso y profundo  racismo que atraviesa la sociedad israelí, desafortunadamente quedó disipada, según la cadena de noticias nacionales Mako [en hebreo], que dijo que hizo gestiones para ponerse en contacto con un empleado de la empresa para confirmar que el anuncio era real. El empleado también informó de que pagar a los empleados salarios diferentes en función de su origen étnico no es ilegal.

Cada vez que tal exhibición descarada y vergonzosa de racismo ocasional aparece en este país, la respuesta inmediata es hacer una comparación de cómo se vería si otro país hiciera lo mismo. Imaginar, por ejemplo, el revuelo que se produciría si una empresa estadounidense ofreciera (sólo mujeres) por un precio de servicios de limpieza según el origen de la trabajadora, por ejemplo del sudeste asiático o afroamericana.

Es una comparación válida y tentadora para hacerla. Pero también es triste, porque demuestra cuán profundamente arraigado está el prejuicio en Israel. Es necesario mostrar a la gente otros ejemplos de terrible discriminación para entender lo antinatural de este estado de cosas. Y cualquier persona que desee consolarse con la idea de que este tipo de racismo preciso no es una parte perfectamente normal del discurso aquí sólo se necesita mirar hacia atrás para encontrar otro pequeño incidente ocurrido hace unos meses.

El pasado octubre, en respuesta a una ola de apuñalamientos y otros ataques terroristas, el consejo de Guivatayim, en el suburbio de Te Aviv, comenzó a examinar la posibilidad de sustituir a todo el personal de limpieza palestino de sus escuelas con eritreos [hebreo]. ¿Qué se interpuso en el camino? Una ley aprobada por el anterior Gobierno israelí que prohibió el empleo de los solicitantes de asilo africanos en la región central de Israel.

Debajo de todo esto, por supuesto, yace el entendimiento tácito de que este tipo de trabajo manual está para ser asignado sólo a los no judíos (así, por ejemplo, un abogado bastante prominente, una vez, alegremente, me comentó que "los judíos son demasiado inteligentes" para este tipo de trabajo).

Una cosa más: la última zanahoria que cuelga el volante ante sus potenciales clientes es un precio especial por un "día completo" de 12 horas de trabajo. Recursos humanos bien, gracias.

Un texto de Natasha Roth, en 972mag.

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