miércoles, 3 de febrero de 2016

¿ES NECESARIO OBTENER EL MÁXIMO BENEFICIO?


Las 500 empresas más grandes del mundo en 2014 generaron 31,2 billones de dólares y llegaron a los 1,7 billones de dólares de beneficios. 128 de estas 500 están establecidas en Estados Unidos, 98 en China y 54 en Japón. Imaginemos un escenario en el que las empresas tuvieran como objetivo aportar lo máximo posible al bienestar general y no generar el máximo beneficio al dueño de turno.

“El dinero es un estupendo como abono, lo malo es que muchos lo toman por la cosecha”. Esta frase ilustra perfectamente lo que ha ocurrido con el dinero: lo que surgió como un medio para valorar los intercambios de mercancías, se ha desvirtuado de tal forma que ahora no sólo es que se persiga el máximo beneficio e incrementar este año tras año, sino que además las empresas son valoradas sólo por criterios financieros y el prestigio se gana por alcanzar los máximos beneficios.

Según datos la web Fortune.com, las 500 empresas más grandes del mundo en 2014 generaron 31,2 billones de dólares y obtuvieron 1,7 billones de dólares en beneficios (para hacernos una idea de la magnitud de la cifra, tengamos en cuenta que el PIB de España es de 1,4 billones de dólares), empleando a 65 millones de personas en todo el mundo. Las matrices de estas 500 empresas están repartidas en 36 países.

128 de estas 500 están establecidas en Estados Unidos, 98 en China y 54 en Japón. Es decir, la mayor parte de la riqueza que producen estas 500 grandes empresas, revierte en muy pocos países. Por sectores, 62 de ellas se dedican al petróleo y/o minería y 47 son bancos,
Ninguno de los bancos se rige por criterios éticos en sus inversiones y financian con el dinero de sus depositantes actividades como la fabricación de armamento. En cuanto al petróleo, es un bien cuyo control ha provocado y continúa provocando guerras entre diferentes países. Es decir, las empresas que más lucro ofrecen y que más mueven la economía generan impacto social y medioambiental muy negativo.

“Mientras para los grupos globalizadores el objetivo supremo y absoluto es lograr las máximas ganancias, los objetores de esa recortada concepción de la existencia quieren dar sentido humano a todos los aspectos de la vida, orientándolos hacia el perfeccionamiento integral de la persona”.

Esta afirmación que José Luis Sampedro hacía en su libro “El mercado y la globalización”, es uno de los muchos ejemplos de cuestionamiento al sistema de acumulación de capital por el que se rige la economía.

¿Y si las relaciones económicas que se desarrollan entre todos los agentes participantes en la sociedad dejaran de regirse por la búsqueda de beneficio como fin último y por la competencia y pasaran a guiarse por criterios como la confianza, la cooperación, la solidaridad y la voluntad de compartir? Imaginemos un escenario en el que las empresas tuvieran como objetivo aportar lo máximo posible al bienestar general y no generar el máximo beneficio al dueño de turno. Este posicionamiento es la idea vertebral de una teoría llamada laEconomía del Bien Común.

Lo primero que podemos pensar es que efectivamente eso es lo que deberían hacer las empresas; también podemos sorprendernos y decir “¡ah! ¿pero eso no ocurre ya?”; o también quedarnos con la afirmación “eso es una tontería: nadie haría nada entonces. Lo importante es el dinero”.

Para poder entender e incluso implementar este sistema, tanto el individuo como la empresa debe cambiar el planteamiento de sus incentivos: dejar de moverse por la búsqueda del beneficio y la competencia y buscar el bien común y la cooperación.

El sistema económico imperante en la actualidad, el capitalismo, nos lleva a competir entre nosotros como ciudadanos, como trabajadores, como empresas incluso como alumnos. Es la carrera por ser el mejor y por conseguir el mejor puesto de trabajo, coche, casa y ser el que más dinero tiene. Paralelamente, las empresas presentan el mismo comportamiento, y no buscan otra cosa que incrementar su beneficio año a año sin importar las consecuencias sociales y medioambientales.

Cada vez somos más los ciudadanos y ciudadanas que vemos claro que un cambio del sistema económico es necesario, no sólo por la creciente desigualdad social y económica que afecta a las personas, sino también por las dramáticas consecuencias medioambientales que está trayendo el actual sistema de crecimiento sin límite.

Afortunadamente, el mensaje también ha calado en algunas empresas, las cuales ya han comenzado a implementar lo que se conoce dentro de la Economía del Bien Común como Balance del Bien Común para medir el impacto de su actividad. En la actualidad unas 1.750 empresas en 35 países han seguido este modelo con éxito, de las que 250 han implementado ya el Balance Social.

La idea es implantar este balance en el que se puntúan valores sociales y medioambientales en función de la relación con los grupos de contacto de la empresa (proveedores, clientes, empleados...) y dejar como secundario los actuales balances financieros.

Existen varios ejemplos de empresas que están orientadas hacia el Bien Común, como Mondragón o La Fageda. También son varias las empresas que ya están siendo auditadas según el Balance de la Economía del Bien Común. Un ejemplo de estas últimas es Eticus Consulting, una empresa de consultoría estratégica que orienta a sus clientes hacia modelos de empresa sostenibles y que ponga a las personas en el centro. Los resultados de su balance se encuentran en la web economiadelbiencomun.org. Está puntuada con tres semillas 1 y los puntos mejor valorados de esta empresa están relacionados con su financiación (los socios fundadores son los propios trabajadores), el horario de trabajo (se basa en la responsabilidad de los socios trabajadores), el equilibrio vida-trabajo o los puntos relacionados con la distribución de los salarios . Pero no sólo las empresas pueden posicionarse a favor de la Economía del Bien Común. Ya hay unos 150 municipios en todo el mundo que se encuentran en proceso de conversión hacia “Municipios del Bien Común”.

En cuanto al caso de España, en la actualidad 11 municipios participan en la red de Municipios del Bien Común. Uno de ellos es Miranda de Azán, en Salamanca. Este pueblo de algo más de 400 habitantes se convirtió en el primer municipio de España en adherirse al movimiento en 2013.

La alternativa de funcionamiento que ofrece la Economía del Bien Común está demostrada que es real y aplicable y que puede hacer cambiar la orientación de las empresas que actualmente se mueven sólo por el afán de lucro hacia otros valores como la cooperación y el bienestar real de trabajadores, ciudadanos y en general de cualquier actor implicado en las relaciones económicas.

Un texto de Lucía Gómez, en El Salmón Contracorriente

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