miércoles, 3 de febrero de 2016

ENTREVISTA A VICTOR HUGO MORALES: "EL CAPITALISMO ES UN CRIMEN PERFECTO"

Victor Hugo Morales,

Para el comunicador uruguayo, radicado 34 años en Argentina, el presidente Mauricio Macri representa a las “5 patas poderosísimas y diabólicas” del poder. En ese grupo están los industriales, medios de comunicación, la cúpula eclesiástica, que, según dice, representan a la derecha. Frente a este oleaje reconoce la lucha de la izquierda.

El 11 de enero de este año, el periodista y locutor deportivo Víctor Hugo Morales -quien es crítico del presidente argentino Mauricio Macri- fue separado de Radio Continental, en donde laboró por más de 30 años. “Lo que quiero decirles es que me están echando de la radio y que esto está en el contexto de una situación agobiante, asfixiante y terrible para la democracia y la libertad de expresión. Mauricio Macri es la máscara de Héctor Magnetto y el Grupo Clarín, y se han hecho cargo del país”, dijo, antes de que los directivos de ese medio apagaran la señal. Asegura que con la llegada de Macri al poder, en Argentina no hay “diálogo, ni tolerancia”. Por ello sostiene que quién gobierna en ese país representa al “poder real” de la derecha, que por primera vez llega sin dictaduras. “El capitalismo es un crimen perfecto”, reflexiona.

Si escribiera un libro sobre lo que pasa en América Latina en estos momentos y lo publicara en 25 años, ¿cómo lo titularía?

La oleada de la derecha y la resistencia del progresismo.

¿Cree que ahora hay una real arremetida de las derechas?
Sí, claro.

Pero, ¿qué pasa con la izquierda?
La izquierda hace lo que puede, demasiado ha hecho, le ha dado años de mayor felicidad, igualdad y oportunidades a su gente, combatiendo permanentemente contra un poder pavoroso, diabólico, nacional e internacional, contra una traición feroz desde adentro de cada uno de los países y, sobre todo, combatido con ideas progresistas a las leyes neoliberales. Todo está bien armado al cabo de 200 años en nuestros países, sobre la base de constituciones que normalmente tienen que ver con la norteamericana. Y si tú tratas de vulnerar esas leyes que están hechas bajo el criterio que fueron desarrolladas, estás yendo contra la democracia. Juegan con esto. Y si discutes con los medios que representan estos intereses estás yendo contra la libertad de expresión, lo hacen muy bien. Tienen una sabiduría para la perversión.

Usted fue víctima de ese sistema, al ser desplazado, marginado de este oficio...
Ese es un discurso que no es fácil de asimilar por la derecha, porque discutir no pueden. No tienen argumentación, no hay manera desde un gobierno neoliberal de argumentar que eso es lo mejor para Argentina. No tiene forma, no pueden avanzar, no pueden empezar. Todo lo que pueden decir es algo sobre el progreso; que lo privado progresa, pero, por supuesto, ellos hablan de un tipo de progreso que no atañe a las mayorías de los seres humanos, por lo tanto lo que hacen es profundizar una brecha, entre aquello que sigue el progreso y aquello que dejan atrás para justificar ese progreso.

¿Cómo vivió ese momento cuando lo separaron de la radio?

Esta es mi posibilidad y la aprovecho, así como lo hago con los reportajes que me hacen en otros medios, para darle lugar a mi discurso, a mis opiniones, que a alguna gente le puede servir. A mí me gusta ponerlas a disposición de la discusión necesaria. Me gusta mucho que se discuta, no me gusta la indiferencia. En estos momentos, una de las únicas formas de atacar, que es lo que ocurre en el periodismo de derecha; es decir que se han creado divisiones y que esas divisiones dañan a los países.

¿La polarización?

Sí, la polarización que es lo que ellos han elegido para justificar su autoritarismo, porque lo que ha sucedido es que las democracias determinaron que el progresismo se instalará para gobernar. No obstante, el mandato que los gobiernos tienen de esas mayorías o de las sumas de minorías -que se convierten en mayoría -dice que es un autoritario porque no escucha y no dialoga. Mira lo que pasa en la Argentina ahora: ¡qué diálogo hay!

¿Hay tolerancia y consenso?

Nada. Ni diálogo, ni tolerancia, ni consenso, aunque por otra parte, la palabra consenso no la quiero demasiado. El consenso es aquello a lo que apela el más poderoso cuando no tiene razón o no tiene buenos argumentos y empieza a envolverte con generar consenso; que es la forma de propalar sus ideas en grupos que puedan dominar a los otros.

Por eso se llama Consenso de Washington a aquel mandato que obligó a América Latina a convivir debajo de un solo modelo...


Lo padecimos muchísimo y ahora están de vuelta, de retorno. El capitalismo es un crimen perfecto. Nosotros funcionamos dentro del capitalismo y no vamos a poder salir de eso. Todo lo que queremos hacer es un capitalismo que sea un poco más humano, más igualitario, que le dé un poco de vergüenza y de dolor lo que le ha hecho al mundo. Dijeron que el fin de la historia era el comienzo de la definitiva desventura del capitalismo como idea salvadora para la humanidad porque se acababa el comunismo; pero no, era el comienzo de la historia porque se quedaba solo el capitalismo para este fracaso oprobioso que termina con 68 personas dueñas de lo que tienen 3.300 millones de personas en el resto de la humanidad. En cada país, un 10% domina absolutamente todo y efectivamente tiene el dominio de los medios de comunicación.

Algunos estudiosos dicen que la izquierda no fue lo suficientemente sólida, fuerte, unida, además de cohesionada con sus propias convicciones para desarrollar procesos con mayor ambición...

La izquierda da ventajas. Tiene matices, siempre hay alguien que se coloca a la izquierda, siempre hay alguien que presume ser más izquierdista. Habría quienes actualmente para diferenciarse dentro de la izquierda propondrían la reforma agraria, para decir algo que ya suena a un disparate, lastimosamente. Esa cantidad de matices se dan dentro de la izquierda; hay mucha discusión. La derecha lo tiene más sencillo. Discute por dinero, cómo ganarlo, cómo establecer leyes que las separen del Estado y en consecuencia no tiene algo de discutir entre ellos. La izquierda sí. Siempre luce más desunida hasta los medios no se suman, suelen ser más celosos, en cambios ellos (la derecha) articulan bien.

El Grupo de Diarios de América se reúne cada año, resuelve sus problemas, y nosotros como EL TELÉGRAFO, Página 12, La Jornada no nos hemos podido reunir ni una vez...

No sabes las veces que yo he discutido esto; cómo me duele que sea así. Ellos tienen un gran dominio, aparecen estos dinosaurios de la SIP a decir qué es la libertad de expresión. Ellos que lo único que pueden decir es qué han defendido la libertad de las empresas periodísticas, que en realidad es la pertenencia a todo un sistema de ideas neoliberales. Tenemos que admitir que lo que pasó con la Patria Grande en estos últimos años es maravilloso. No hay en la historia de la humanidad, un grupo de presidentes que haya comandado naciones tan proclives a sentirse absolutamente hermanas, pero no en los discursos, sino en las verdaderas luchas, en la confrontación contra lo que llamamos la idea imperial, las ideas dominantes del mundo. Pegar un grito fuerte, severo y que se haya convertido en ejemplo para el resto del mundo. En Europa, Podemos se alimentó de lo que esta América Latina fue capaz de crear.

No seamos injustos con lo que los presidentes han hecho en estos últimos 15 años.

¿Qué pasa en el fondo en Argentina? Por un lado gana Macri con un porcentaje no muy alto, con respecto a Scioli, pero, ¿por qué ese otro porcentaje no puede discutir con Macri los problemas que tiene Argentina?

Lo que pasa es que por primera vez en Argentina se da la victoria de la derecha sin intervención militar. Por primera vez, el poder real es también el poder político. Normalmente, el poder real, las cúpulas económicas, eclesiásticas, lo tradicional del dominio de los países al poder político lo van reduciendo, lo va acortando, pero ahora ese poder real. Macri es el poder político y entonces es la suma del poder. Nunca tuvo tanto poder en la Argentina, más que una dictadura, pero ahora este poder está legitimado por la democracia. Por eso está haciendo cualquier cosa, una muy mala República para que sea muy difícil cambiarla desde los buenos criterios de la República, llevándose por delante todo lo que ni siquiera imaginábamos que era posible llevarse por delante. Pero el fundamento no es el 51% que lo votó, el fundamento es el poder real. No están basándose en un caudal electoral para proceder como lo hacen; están actuando de acuerdo a ese poder real, que es del grupo Clarín, del grupo más poderoso de los industriales y la cúpula eclesiástica, que son las 5 patas poderosísimas y diabólicas -aunque esté la cúpula eclesiástica adentro- actúan para conformar ese tipo de poder, que ahora tiene representantes a un hombre como ellos, que se llama Mauricio Macri, ejerciendo el poder político.

Y, ¿quién es Mauricio Macri para usted?


Macri es un hombre que como presidente de un club de fútbol estaba bien. Que como jefe gestionador de la ciudad de Buenos Aires podría ser aceptable, porque no se trataba nada más que gestionar, de preguntar: bueno qué tenemos que hacer, aquí debe correr una línea de ómnibus, cerrar calles, etc., para eso cualquier persona que tenga una actividad y un buen equipo estaba preparado.-

¿Cuál es la filosofía de Macri? ¿Se la puede identificar en algo?

El problema es llegar a la presidencia; el problema es trasladar lo que es una gestión de consorcio a lo que es una gestión para manejar un país, elegir donde se planta ese país internacionalmente; para elegir cómo hacer una transferencia justa de los ingresos, como te relacionas con el comercio mundial, que haces con lo que llamamos libre comercio y lo que llamamos el Estado. Para eso no es que esté preparado. Asume que la representación de una línea ideológica neoliberal es la que él está como uno más de los empresarios. Como Macri es presidente, no menos de 15.000 a 20.000 podrían serlo. Por emergentes, por distintos motivos, de lo que es lo establecido, con lo establecido, sin tener que dar batalla cualquiera puede ser presidente. Por eso es que muchas veces nos asombramos de la mediocridad de los hombres que han pasado por la función pública; nos lo hemos dicho frente a un Menem, De la Rúa, al ser hombres tan comunes y corrientes, tan pequeños. Parece que lo establecido es que lleguen de 2 partidos políticos -que funcionan de centro hacia la derecha- y manejen con base al poder real, ellos van cumpliendo. En cambio, donde aparecen hombres excepcionales es para darle batalla al poder real, así sí surgen mujeres y hombres que son distintos.

¿Por qué el contrapoder está en un Víctor Hugo Morales, Martín Sabbatella y no en una Cristina Fernández o un Scioli?

Scioli está apareciendo y la presidenta va a aparecer. Presumo que no quieren que se diga que dejó de gobernar y a los 20 días está metida otra vez. Imagino que están esperando que madure, que hagan toda esta salvajada que están haciendo con la democracia y libertad de expresión.

¿Qué opina de que en ciertos restaurantes y pizzerías de Argentina, la gente grite espontáneamente: "¡Vamos a volver, vamos a volver!"?

Es un sentimiento de gente que se da cuenta que tenía razón, que tiene una gran melancolía de su lucha. (...) La lucha es contra esos medios que antes eran de derecha visibilizados como medios interesados en determinada forma política, pero que ahora representan el interés de la corporación. Han excedido su papel. Están trabajando como punta de lanza, como mascarrón de proa de todo lo que llamamos el neoliberalismo. Ni siquiera se permiten en sus páginas algo decente, ya no tienen culpa porque se sintieron amenazados por lo que pasó en estos años de progresismo, y ahora dicen: nunca más a 10 años sin manejar la pauta de publicidad. Ahora tienen el manejo político del país.

¿Cómo mira a Ecuador?

Yo vine de muchacho. Tenía menos de 20 años cuando estaba relatando fútbol por el continente. En el año 72 relaté Ecuador 0, Uruguay 2 o Ecuador 1, Uruguay 0, no me acuerdo. Iba por la Copa Libertadores. Recorría Ambato, entre sus flores, Guayaquil y Quito. Siempre estuve muy enamorado de Quito. Ecuador era una imagen clara de lo que era el aprendizaje de América Latina en ese tiempo; una gran desigualdad pavorosa, una imagen de derrota frente a tiempos y siglos de derrota. Ahora lo veo joven y vivo; fuerte, con enormes dificultades, seguramente. Tengo enorme admiración por su presidente, que es un gran espadachín contra esos medios que vienen a buscarlo y provocarlo y a los que tritura normalmente, pero con facilidad. Ni siquiera le doy tanto mérito porque él pelea con razón y los periodistas que vienen a provocarlo repiten consignas de sus patrones y sus patrones que son demasiado perversos. Tengo amigos que dicen que las cosas están cambiando, que hay trabajo, que hay márgenes de dignidad mayores. Como buena parte de América Latina hemos tenido años muy valiosos que hay que defender de la manera que sea. Lo de Evo ahora en febrero es crucial. 

Un texto de Orlando Pérez en El Telégrafo.

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