miércoles, 10 de febrero de 2016

DOBLE OBJETIVO DE LAS TASAS DE INTERÉS NEGATIVAS: EXPULSAR A LOS BANCOS PEQUEÑOS DEL NEGOCIO Y LA ELIMINACIÓN DEL EFECTIVO

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Las tasas de interés negativas se extienden por todo el mundo. Más de la quinta parte del PIB total mundial se encuentra en países que han impuesto tasas de interés negativas, incluyendo a Japón, la Unión Europea, Suecia, Dinamarca y Suiza. Sin embargo, esta estrategia no ha impedido que las economías de estas zonas, especialmente Japón y la Unión Europea, se encaminen directamente al desastre.

Durante mucho tiempo Japón ha aplicado tasas de interés bajísimas, lo que no ha impedido que el estado de su economía sea terrible. Lo mismo sucede en Europa, cuya economía se ahoga en miles de millones de euros de deuda. 

Una de las consecuencias de la reducción de las tasas de interés es el aumento de los costes de endeudamiento.  Así, los márgenes de los bancos se mantienen muy bajos y se precariza su situación financiera. Esto repercute de forma muy negativa en aquellos bancos más pequeños, y generalmente orientados al bien público, como es el caso de las cooperativas. En este escenario, el mayor beneficio lo obtienen las grandes instituciones financieras dedicadas principalmente a la especulación financiera. 

Las tasas de interés negativas, por tanto, consiguen expulsar a los bancos pequeños fuera del negocio aumentando la concentración en el sector bancario y los sectores bancarios de los países más industrializados.

Asimismo, las tasas de interés negativas también sirven para proporcionar una justificación adicional para la abolición del dinero en efectivo, transfiriendo el control absoluto de la oferta del dinero a los bancos centrales. Los depósitos digitales se convertirían así en la base monetaria.

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