domingo, 11 de octubre de 2015

HABLA LA "CUP": RUPTURA, PLAN DE CHOQUE Y PROCESO CONSTITUYENTE

CUP, ruptura,

Primero el «qué», el «cómo» y el «cuando». Y después, el «quién». Tras una semana de silencio, la CUP presentó ayer sus líneas rojas para negociar con Junts pel Sí la hoja de ruta hacia la independencia, así como el Govern que la aplique. No hay novedad sobre la investidura, por lo que, de momento, se mantiene el veto a la reelección de Mas.

Neutralizada la primera oleada de presiones a través de un voto de silencio estrictamente seguido por la militancia y respetado, con un punto de curiosidad, por Junts pel Sí, la CUP volvió ayer a la esfera pública para fijar su posición en unas negociaciones que se prevén largas. En el horizonte: cómo poner en marcha un proceso constituyente que sirva para seguir adelante con el proceso hacia la independencia ensanchando su base social. En primer plano: la investidura de un nuevo president. O presidenta, quién sabe. Porque el veto a la reelección de Artur Mas se mantiene, aunque ayer el objetivo fue dejar la cuestión en un segundo plano. «No hemos variado la posición que hemos tenido antes, durante y después de la campaña», se limitó a señalar la diputada electa Anna Gabriel, encargada ayer de dar el pistoletazo de salida a una conferencia política titulada ‘‘Para gobernarnos, luchemos por la república’’. En primera fila lo escucharon Jordi Turull (CDC), Oriol Amorós (ERC) y miembros significativos de Junts pel Sí que se espera que ejerzan de puente en las negociaciones, como son el cabeza de lista, Raül Romeva, y Lluís Llach.

A partir de ahí, el resto de ponentes, todos ellos diputados electos de la formación de la Esquerra Independentista, remarcaron la triada sobre la que la CUP quiere construir las negociaciones con Junts pel Sí: ruptura democrática, plan de choque y proceso constituyente. Si hay acuerdo en estos tres puntos, se abrirá la carpeta sobre quién debe ser el nuevo president. Este es al menos el planteamiento de la CUP. Está por ver, sin embargo, si Junts pel Sí y, sobre todo, Convergència (desde donde insisten en que la investidura de Mas no está a debate) compran el esquema de la CUP. De momento, ayer Romeva optó por la prudencia, declarando que venían «a escuchar y tomar nota». La respuesta, con toda seguridad, llegará hoy.

Mientras, en el auditorio de la UPF, tras la bienvenida de Gabriel y un breve repaso histórico a cargo del diputado por Barcelona Albert Botran (quien remarcó la importancia de la unilateralidad), los ponentes fueron desgranando la triada de la CUP, presentada como «irrenunciable». El diputado por Girona, Benet Salellas, fue el encargado de presentar la primera pata del trípode: la ruptura democrática. La presentó como la garantía de la «irreversibilidad» del proceso y la explicó como la «ruptura destituyente» que tendrá que empezar con la desobediencia a normas como la Ley Wert o la reforma del aborto. «No pensamos obedecer ninguna decisión más del Tribunal Constitucional», añadió.

La segunda pata, el plan de choque para frenar la emergencia social corrió a cargo de la diputada por Barcelona Eulàlia Reguant, que presentó algunas de las 39 medidas propuestas por la CUP, perfectamente aplicables «sin un coste elevado». Eso sí, Reguant advirtió de que «este plan de choque no tiene cabida en el marco autonómico». De nuevo, la desobediencia como clave. Ante el incierto escenario que pueden arrojar las elecciones españolas, la CUP exige hechos concretos de ruptura frente al Estado español.

Ensanchar la base

El cabeza de lista, Antonio Baños, se encargó, por su parte de la tercera pata: el proceso constituyente. Explicó que el nuevo Parlament no puede ser un nuevo parlamento autonómico, sino que se tiene que convertir en «una asamblea constituyente», del mismo modo en que «el proceso constituyente no podrá ser solo un papel, sino que debe ser un motor de vertebración política». Debe ser también el mecanismo para ampliar la base soberanista, como se encargó de remarcar el también diputado Josep Manel Busqueta, encargado de cerrar el acto: «Si no somos más, no podremos ganar».

El de ensanchar la base es, de hecho, uno de los argumentos para negar la presidencia a Mas, a quien no vetan como miembro del Govern, según dio a entender Busqueta: «Junts pel Sí es la única formación que puede formar Gobierno. No sobra nadie en este proceso, es necesario tener a los mejores». La partida sigue abierta en Catalunya.

Cuatro mesas y un mes para las negociaciones

El primer pleno de investidura del nuevo president de la Generalitat tendrá lugar, a más tardar, de aquí a un mes. Exactamente el 9 de noviembre, primer aniversario de la consulta alternativa de hace un año, por la cual el ahora president en funciones, Artur Mas, declarará la semana que viene en los juzgados en calidad de imputado. No se cansan de repetirlo desde las filas convergentes, que no dan su brazo a torcer en presentar a Mas como única opción para la presidencia. Tampoco parece que ceda la CUP, que, sin embargo, trata de marcar el ritmo de las negociaciones situando la investidura como último punto a tratar en las conversaciones con Junts pel Sí sobre el futuro del proceso de independencia.

Según apuntaba ayer «Vilaweb», los negociadores de ambas partes han acordado dividir las conversaciones en cuatro espacios diferenciados de trabajo, que son, siempre según el portal catalán, el plan de choque para hacer frente a la situación de emergencia social, las maneras de hacer avanzar el proceso de independencia, las formas de desobediencia ante el Estado español y algo bautizado como «diseño institucional», que no deja ser la forma del Govern de concentración encargado de aplicar las cuestiones anteriores. Es en este último punto en el que se enmarca el debate sobre la presidencia, que se abordará si se ve margen de acuerdo en los tres anteriores puntos.

Sobre el plan de choque, una vez aclarado por parte de la CUP que cuestiones como la salida de la UE y el impago de la deuda quedan para el debate durante el proceso constituyente, desde Junts pel Sí ya se ha dado a entender que están dispuestos a aceptar la mayoría de medidas de propuestas por la CUP, entre las que constan el fin de las privatizaciones, de los recortes y de los desahucios. En el segundo espacio de trabajo se abordará el futuro del proceso independentista, que ambas partes están de acuerdo en concentrar en los próximos meses en la puesta en marcha del proceso constituyente. Está por ver cómo son capaces de compatibilizar la propuesta horizontal y de base de la CUP con la algo más institucionalizada de Junts pel Sí. No parece insalvable. Y está por ver, también, si las dos partes son capaces de acordar puntos de desobediencia. De momento, voces de Junts pel Sí ven con buenos ojos la propuesta de la CUP de desobedecer normas como la Ley Wert, si bien está por ver qué pasa con medidas como la reforma laboral, que la CUP pide desoir y a la que CiU dio su apoyo en su día en el Congreso de los Diputados.

Solo si hay acuerdo en estos ámbitos podrá haberlo a la hora de investir al nuevo president o la nueva presidenta. La pugna sigue abierta, pero es obvio que, acordado el resto de puntos, será algo más fácil encontrar una propuesta de consenso sobre la presidencia. Tienen un mes para llegar a un acuerdo. La alternativa: unas nuevas elecciones que nadie quiere.

Un texto de Beñat Zaldua en GARA.

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