martes, 18 de agosto de 2015

EL CAPITALISMO ES UN SUICIDIO ECOLÓGICO

suicidio ecológico,

La crisis climática es la mayor amenaza que ha enfrentado la humanidad. Al ritmo actual de las emisiones globales de gases de efecto invernadero el calentamiento del planeta sobrepasará los dos grados centígrados hacia la mitad del siglo XXI y en 2100 llegará a los 4-6º C por encima de los promedios preindustriales. La magnitud de la inminente catástrofe fue descrita con elocuencia por Hans Schellnhuber, director del Instituto Postdam para la Investigación del Impacto Climático, cuando dijo, “La diferencia entre 2 y 4 grados es la civilización humana...”. Además de eso, la biosfera está sufriendo intensa polución, agotamiento de los recursos, extinción de especies, acidificación de los océanos y mares, entre otros peligros que se avecinan. 

Pero, ¿podemos salvarnos a nosotros mismos? En su reciente libro, Green Capitalism: The God that Failed, Richard Smith dice con convicción que “con toda certeza, la producción sostenible es posible pero no en el marco del capitalismo” e incluso con más fuerza, “fundamental e irremediablemente, capitalismo y conservación del planeta son dos conceptos opuestos”. Para esta cuestión cardinal, Smith aporta un admirable dominio de la economía, y un atractivo y coloquial estilo de escritura. Explica e ilustra con irresistible claridad los mecanismos clave del capitalismo que le fuerzan a crecer indefinidamente; esas explicaciones están sustentadas por una amplia panoplia de ejemplos de las prácticas económicas de las corporaciones y las naciones de todo el mundo.

Green Capitalism: The God that Failed es una compilación de ensayos complementarios que ya se habían publicado. El primero de los cinco capítulos revisa los escritos de Adam Smith y la transición histórica al capitalismo en Europa. Desde el comienzo mismo, el Capítulo 1 explica cómo la competencia entre mercados conduce a la rápida innovación, lo que a su vez, lleva a la expansión de los mercados, un ciclo que continúa sin cesar. La economía capitalista, por lo tanto, tenía implicaciones ecológicas desde su inicio, algo que la diferencia de todos los periodos [económicos] anteriores.


Sin embargo, las implicaciones ecológicas, son ignoradas por los economistas de la corriente dominante. En ese sentido, Smith denuncia que “los textos introductorios a la macroeconomía utilizados por la mayor parte de los departamentos económicos de Estados Unidos revelan que la profesión adolece de una falta de contacto con la realidad”. Economistas que responden al pensamiento dominante, desde Milton Fridman a Paul Krugman, reconocen la necesidad de una eterna expansión económica asociada con un aumento del consumo. Sin estas premisas, el capitalismo se paralizaría. Según Kugman, “Aunque será una lástima que los estadounidenses continúen compitiendo sobre quién puede poseer la mayoría de los juguetes, lo peor de todo sería si repentinamente se detuviera esa competencia”.

En el capitalismo, la expansión económica es inevitable, pero la consecuencia inexorable es la destrucción de la Tierra. Richard Smith lo resume así: “El crecimiento y consumo sin fin están destruyendo el planeta y condenando a la humanidad, pero sin un crecimiento incesante de la producción y el insaciable aumento del consumo estaríamos todavía peor. Esta es la lógica contradictoria y suicida del capitalismo”.

Incluso dejando a un lado la cuestión de la destrucción del planeta, la mano invisible del mecado ha fracasado en sus propios términos. Smith os recuerda que “Doscientos cincuenta años después de lo escrito por [Adam] Smith, el desarrollo del capitalismo global ha producido las sociedades más obscenamente desiguales de la historia, un mundo en el que la mitad de la población vive con menos de dos dólares por día y miles de millones de personas subsisten en una pobreza desesperante...”.

En contra del pensamiento económico dominante, un puñado de economistas propone modelos capitalistas sostenibles, como el “decrecimiento” o versiones capitalistas de la “creación continua”; o el “capitalismo verde”, en el cual los avances tecnológicos, el reciclaje y la “economía desmaterializada” de algún modo permitirían un crecimiento indefinido aunque sostenible. En los Capítulos 2 y 3, Smith los toma por su nombre y muy detalladamente. Sus discrepancias no son solo académicas; las potentes refutaciones de Smith son de importancia crucial porque la mayor parte de los líderes estadounidenses del ambientalismo adhieren a alguna versión del decrecimiento o del capitalismo verde mediante su discurso, su accionar o sencillamente su fracaso a la hora de identificar el capitalismo como una amenaza a la supervivencia.

Como demuestra Smith, el problema no es que seamos “adictos al crecimiento” o que el crecimiento perpetuo sea un “maleficio”, como escribió Bill McKibben (y Smith lo cita). Incluso el importante libro de Naomi Klein, This Changes Everything: Capitalism vs. the Climate (Esto cambia todo: capitalismo vs. clima), criticado por Smith en el Capítulo 4, se centra sobre todo en el “capitalismo desregulado” como opuesto al capitalismo.

Pensando también en la obsesión con el neoliberalismo que tienen tantos escritores del pensamiento dominante que colaboran en medios progresistas, quienes rara vez –si alguna– condenan el capitalismo sin precederlo de ese adjetivo. Para ellos, los villanos son el “capitalismo corporativo”, el “capitalismo de casino”, etc., en lugar del propio capitalismo.

En marcado contraste y con reconfortante claridad de pensamiento, Smith explica “Por qué el suicidio ecológico inherente al crecimiento está incrustado en la naturaleza misma decualquier capitalismo imaginable. Esto significa... que el proyecto de un capitalismo de creación continua es imposible y solo una distracción”. En especial, “En el capitalismo, todo lo que pretende el uso eficiente de los recursos no es más que la utilización de recursos ahorrados para producir aún más artículos, acelerar la conversión de todavía más recursos naturales en productos”. En el capitalismo, esto es inevitable sin provocar la paralización económica.

“El consumismo insaciable es un requisito cotidiano de la reproducción capitalista... Sin el consumo incentivado no hay crecimiento ni puestos de trabajo.” ¿Por qué no hay puestos de trabajo? Pensad que “más de dos tercios de las ventas del mercado, y por lo tanto la mayor parte de los puestos de trabajo, dependen de la venta directa al consumidor mientras que el resto de la economía –incluyendo las infraestructuras y las fuerzas armadas– se dedica a mantener este ‘estilo de vida estadounidense’ consumista”. Aunque se ignorara eso, ¿cómo podría el capitalismo alcanzar alguna vez una creatividad continua? “¿Están acaso Toyota o General Motors pensando en producir el año que viene la misma cantidad de coches –hechos de acero– que este año?”, pregunta Smith.

Del mismo modo, en el Capítulo 3, que lleva por título el del propio libro, Smith desmantela las esperanzas del capitalismo verde mediante cinco tesis sobre la naturaleza de cualquier tipo de capitalismo. La quinta de ellas desafía directamente a los mitos tan en boga del “hechizo” y la adicción al crecimiento: “El consumismo y el consumismo incentivado no son de ‘desechables’ porque no son solo ‘culturales’ o ‘costumbres’. Son inherentes al capitalismo e indispensables para su reproducción cotidiana de productores corporativos en un competitivo sistema de mercados, en el que capitalistas, trabajadores, consumidores y gobiernos por igual dependen todos del interminable ciclo de incremento del consumo a perpetuidad para mantener los beneficios económicos, los puestos de trabajo y las rentas públicas...”.

En los dos últimos capítulos, Smith bosqueja las restricciones ecológicas necesarias para cualquier economía postcapitalista y describe las alternativas ecosocialistas al capitalismo. Los cambios que forzosamente habrá que encarar son pasmosos. Toda la economía [de Estados Unidos] deberá contraerse y reestructurarse con cooperación internacional. El capitalismo es incapaz de encontrar puestos de trabajo para los desempleados por el decrecimiento, incluso aunque se necesite una gran expansión de los servicios sociales como el cuidado de la salud, la educación, la rehabilitación ecológica, etc.

“Dado que vivimos en una sociedad capitalista, no socialista, nadie está prometiendo nuevos empleos para todos los mineros de la hulla, los perforadores de pozos de petróleo, los que trabajan en la extracción del gas no convencional, los obreros de las empresas automotrices, los chóferes de camiones, los constructores de aviones, los pilotos de aerolíneas y la gente que trabaja en muchísimos otros sectores cuyo trabajo estará en riesgo si los combustibles fósiles resultaran reducidos seriamente.”

Smith reconoce que la construcción de un movimiento requiere algo más que estar contra la destrucción ecocida; necesita de una visión de futuro. Con este objetivo, él esboza algunos rasgos –atractivos y alcanzables– de una sociedad ecosocialista.

La lectura de Green Capitalism: The God that Failed es imprescindible para quienes se oponen al suicidio planetario. El capitalismo está librando una guerra contra la naturaleza. Mientras esto no sea algo evidente para amplios sectores de la sociedad, estaremos limitados a los proyectos reformistas capaces solo de retardar nuestra marcha hacia el olvido, pero no de detenerla. Tal como nos recuerda Smith, “Decir que este es el momento más crítico de la historia de la humanidad no es una exageración.

Richard Smith, Green Capitalism: The God that Failed, publicado por World Economics Association eBooks, 30 de abril de 2015

David Klein es físico-matemático y profesor de matemáticas en la Universidad del estado de California, donde también dirige el programa de Ciencia Climática, un programa de formación diseñado para preparar a estudiantes o graduados en ciencia climática y campos relacionados. Es autor del ebook, Capitalism and Climate Change: The Science and Politics of Global Warming.

Copyright, Truthout.org. Esta traducción se ha hecho con el permiso expreso de Truthout.

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