miércoles, 8 de julio de 2015

Y EN ESPAÑA....DEBEMOS PASAR A LA OFENSIVA

pasar a la ofensiva,

Las recientes elecciones municipales y autonómicas del pasado 24 de mayo sin duda han convulsionado el panorama político en el Estado español y han abierto una pequeña grieta en la coraza institucional del régimen del 78. Habrá quien piense que la crisis del régimen es ya terminal y se consolará contemplando la parálisis del Gobierno Rajoy, incapaz de adaptarse a la nueva situación política mientras farfulla incoherencias acerca de su “victoria electoral”; pero el partido no hecho sino comenzar y si aquellos que tomamos las calles y las plazas desde el 15M bajamos la guardia siquiera un segundo, es muy probable que veamos nuestras esperanzas truncadas.

De especial trascendencia es la victoria en las principales ciudades del Estado de las llamadas listas de unidad popular que con diversas configuraciones en función del municipio han logrado agrupar a amplios sectores de la izquierda y el activismo social y canalizar las aspiraciones de cambio de los más golpeados por la crisis y las políticas austericidas. No es exagerado decir que lo que ocurra en los próximos meses con los ayuntamientos de Barcelona, Valencia, Madrid, etc. determinará en gran medida el resultado de las próximas elecciones generales.

No hay que permitir pues que nuestros supuestos representantes se acomoden en sus puestos, no hay que dejar que la rutina institucional les imponga su ritmo malsano de actos protocolarios, reuniones con la sociedad civil mercantilizada y presiones mediáticas. En ese guión es evidente quienes pierden y quienes ganan.

La tarea no es otra que presionar a concejales y diputadas de izquierda desde todos los ámbitos del activismo social: si la derecha no ha perdido un minuto en empezar a amedrentar a las alcaldías de unidad popular (y es bien seguro que estas presiones no harán sino aumentar en intensidad con el paso de las semanas) sería ingenuo, casi suicida, que el pueblo de izquierdas concediese 100 días de cortesía a las alcaldesas del cambio.

Aquellos que llevan más de un lustro padeciendo los rigores del austericidio no se merecen esperar a después del verano para empezar a ver un cambio en sus condiciones de vida, ni pueden conformarse con retoques simbólicos. Los activistas conscientes y la izquierda combativa debemos exigir (forzar si es preciso) a que los ayuntamientos de unidad popular lleven sus programas electorales al límite y los ejecuten sin dilación; pues estos no son « una lista de sugerencias»  sino las demandas mínimas de una situación de emergencia social.

Sería una negligencia muy grave desaprovechar las oportunidades de coordinación que ofrecen las miles de concejalías de unidad popular repartidas por municipios de todo el Estado y los cientos de diputados autonómicos de Podemos y otras fuerzas de la izquierda. En lugar de mandar a concejales y alcaldes a detener desahucios individuales (esfuerzo loable pero fútil y en última instancia una fuente de frustración) sería preciso convocar ya en julio un encuentro estatal de concejalías de vivienda de izquierdas con el objeto de plantear al gobierno central una reforma integral de nuestra vetusta e injusta ley hipotecaria. Asimismo, sería muy conveniente que los responsables de personal en todos los ayuntamientos de unidad popular recién formados fijasen en común unas condiciones laborales dignas para todos los trabajadores municipales (y dependientes de los ayuntamientos) bajo su cargo… mostrando de este modo una alternativa de progreso no sólo frente a los ayuntamientos que aún siguen en manos de los partidos del régimen sino frente a la nefasta reforma laboral impuesta por el Partido Popular y jaleada por la Troika.

No debemos olvidar que el verdadero motor del cambio sigue estando en la autoorganización de los movimientos sociales y el pueblo de izquierda en su conjunto, y que sin una movilización de calle sostenida y crecientemente radical no se logrará ningún avance significativo. Los ayuntamientos de unidad popular deben dar su apoyo a esta lucha, pero no pueden pretender dirigirla, ya que su papel no es otro que el de ser altavoz en las instituciones de las aspiraciones de su base social.

A resultas del 24-M, el PSOE recuperará buen número de comunidades autónomas pero para sostener dichos gobiernos necesitará del apoyo de las diputadas de Podemos y otras fuerzas de la izquierda como Compromís en Valencia. Una vez garantizadas las investiduras es hora de marcar límites muy claros a los nuevos gobiernos autonómicos socialdemócratas, si es que estos pretenden sobrevivir hasta 2016. A nivel general (y sin descartar otras muchas iniciativas de ámbito regional) es menester blindar en los presupuestos y en los estatutos de autonomía un generoso suelo de gasto para las diversas partidas sociales (Educación, Sanidad, Dependencia, etc.) que forman la columna vertebral de las atribuciones autonómicas. Estas garantías deberían estar presentes ya de cara a los presupuestos de 2016 y por tanto empezar a negociarse sin dilación. Paralelamente debería haber un compromiso firme de los gobiernos autonómicos apoyados por la izquierda de que se bloquearan o paralizara la aplicación de los desmanes legislativos puestos en marcha por el crepuscular gobierno del PP, tales como la Ley Wert, la Ley Mordaza o las leyes contra el autoconsumo energético. El objetivo político es que el PSOE se retrate y elija entre una izquierda comprometida con los de abajo o en pactar con Ciudadanos y el Partido Popular.

Todo esto tendría su efecto en el panorama político general y una trascendencia más allá de la coyuntura inmediata. De cara a la decisiva lucha electoral de otoño, la estrategia de Rajoy no será otra que la de tratar de imponer una lucha ideológica abstracta y maniquea (enfrentando a “la gente de bien” con los “radicales y separatistas”, la España contra la Anti-España). Semejante clima favorecería el discurso del miedo en el que tan a gusto se mueven los herederos políticos del franquismo. Por tanto es vital oponer a esta estrategia falaz la conquista de logros concretos y significativos en ayuntamientos y comunidades autónomas; para bajar el debate político al terreno que más conviene al pueblo de izquierda: quien defiende los bienes y derechos comunes tan duramente conquistados y quien los expropia con la excusa de la crisis y la convergencia europea.

Una lucha decidida por aplicar íntegramente el programa de las listas de unidad popular será también la única garantía de que las elecciones generales de otoño serán no sólo una victoria formal para las fuerzas del cambio, sino un golpe muy severo para el régimen del 78. Esta es además la única manera de hacer que el hasta ahora precario proceso de unidad popular (fenómeno que a día de hoy tiene mucha más fuerza institucional que social y es por tanto tremendamente endeble) se dote de sangre y músculo. De lo contrario, los inevitables debates en torno a la unidad popular quedarán reducidos a una lucha de aparatos y egos, lucha que puede interesar mucho a los magnates mediáticos pero que va en contra de los intereses más elementales del pueblo de izquierdas.

No nos engañamos, todas las medidas aquí propuestas no son más que puro reformismo, pero su objeto no es apuntalar las instituciones del capitalismo declinante, sino ayudar al pueblo de izquierdas, a la clase trabajadora y a las víctimas de la crisis a recuperar la confianza en sus propias capacidades de autoorganización. Se trata tan sólo de un primer paso en una estrategia de ruptura que más temprano que tarde pueda levantar procesos constituyentes que entierren el régimen político del 78, subviertan las relaciones de clase y género y pongan fin a la grave crisis ecológica que amenaza nuestro futuro como especie.

El neoliberalismo no va a abandonar silenciosamente la escena, ni será derrotado únicamente por las urnas; debemos ser tan implacables como la historia y actuar sin demora… es el momento de pasar a la ofensiva.

Un texto de Colectivo Germinal.

Azpijoko ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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