miércoles, 22 de julio de 2015

MANUEL TALENS, ESTIBADOR DE SENTIDOS

Manuel Talens,

Manuel Talens fue un buen narrador, un excelente articulista y un traductor -y activista de la traducción- extraordinario. De su larga obra como escritor y como militante lingüístico, su labor de transportista de significados y, por lo tanto, de transformador de sentidos, quizás menos vistosa y menos pública, es la que constituye a mis ojos su legado más duradero y la que nos interpela como un ejemplo más prolífico. Cuando conocí a Talens había leído algunos artículos suyos en la edición valenciana de El País y, por su compromiso y su puntería verbal, me alegró enormemente su incoporación al equipo editor de Rebelión. Allí se ocupó de coordinar durante años al numeroso, brillante y abnegado plantel de traductores -una de las diferencias superlativas de la página- a través de un ejercicio permanente de reflexión sobre el lenguaje y sus trampas. Mientras ejerció esa responsabilidad, el foro de traductores de Rebelión fue una sala de desmontaje y revisión de frases acuñadas, fórmulas heredadas y clichés naturalizados por el uso. Talens sabía muy bien que la batalla política era también -sobre todo- una batalla por las palabras y que la obligación de un militante era la de cuestionar el patrimonio lingüístico alicatado por los medios de comunicación, los think tank y los discursos políticos para proponer a cambio nuevos precipitados a partir de los cuales poder desplazar la conciencia de los lectores y las relaciones de poder. Como expresión extrema de este debate recuerdo la larguísima, riquísima discusión sobre el modo en que había que referirse a la potencia hegemónica (EEUU, USA, América), términos todos los cuales están ideológicamente lastrados y producen por esa mismo incomodidad. Su ingeniosa propuesta (Usamérica y usamericanos) no cuajó, pues rompía en modo casi “incomunicable” el sentido común lector, pero da buena medida del horizonte de preocupaciones en el que se movía su incansable compromiso con las condiciones verbales de la transformación social.



Ese horizonte es el que le llevó a fundar en 2006 Tlaxcala, un colectivo de traductores cuyo propósito literalmente subversivo era el de -precisamente- subvertir la dirección en la que circulan las palabras y sus significados. Talens razonaba de la siguiente manera: el “sur” político conoce muy bien al “norte”, entre otras razones porque contamos con un flujo permanente de traducciones de autores anglosajones, pero conoce muy poco al “sur” del que forma parte. Chomsky, Petras, Atzmon, Wallerstein, Fisk son traducidos al español, el francés, el italiano e incluso al árabe. Al contrario, no hay traducciones de autores españoles, franceses, italianos y árabes al inglés, pero tampoco a las lenguas “subalternas”. Hacer llegar el pensamiento “periférico” a los centros imperiales, y poner en contacto, sobre todo, los textos del “sur” a través de múltiples traducciones cruzadas, parecía y no deja de parecer un imperativo político prioritario. Tlaxcala aún existe, aunque con menos fuerza, y no se me ocurre mejor homenaje a Talens que revitalizar su impulso originario.

Manuel Talens fue amigo y compañero. Compañero durante años en las tareas de edición en Rebelión, pero también en muchas causas comunes: Cuba y Palestina de manera muy particular. A veces demasiado rotundo, pero siempre certeramente apasionado, viajó a la isla y defendió los logros de la Cuba revolucionaria desde su socialismo celular, pero también desde su profesión primera. Manuel Talens, en efecto, fue médico y ejerció la medicina en Canadá antes de adoptar las palabras como instrumentos de intervención y curación. Nunca olvidó lo que Cuba, más allá de las críticas, había hecho en el campo de la solidaridad entre los cuerpos frágiles.

Y defendió, sí, ardientemente, meticulosamente, la liberación de Palestina. Para ello apoyó iniciativas, escribió textos y tradujo a autores judíos antisionistas hasta entonces desconocidos en nuestro país. Pienso, por ejemplo, en el caso de Gilad Atzmon, músico de jazz y escritor, a veces polémico y provocador, pero también en el historiador Ilan Pappe, una de las voces fundamentales del antisionismo hebreo. Talens fue uno de los mejores conocedores del movimiento sionista y la historia de Palestina y su contribución a la difusión y reivindicación de la causa palestina -de la que se encuentran numerosos rastros en Rebelión- merece ser rescatada y continuada.

Manuel Talens ha muerto. Alguien podría decir que ha muerto en el peor momento, cuando más lo necesitábamos. Eso es puro sentimentalismo amistoso. Como amigo suyo que fui, siento también la tentación de decir algo así. Pero el peor momento es cualquiera. Y si algo tiene de dolorosa la muerte de un amigo finito en un mundo de conflicto infinito es que, cualquiera que hubiese sido el momento de su muerte, nos habría dolido y lo hubiéramos echado de menos. También es muy banal, pero frente a este dolor sólo cabe una respuesta: la de recordarlo en las treguas festivas y olvidarlo en las luchas cotidianas que él mismo hubiese emprendido y a las que hay que llevarlo en la lengua y en el corazón.


Un texto de Santiago Alba Rico para Rebelión.

Azpijoko ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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