martes, 24 de marzo de 2015

ESTADOS UNIDOS, ESE DEFENSOR DE LOS DERECHOS HUMANOS

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La desvergüenza y el cinismo de algunos políticos superan con mucho mi capacidad de comprensión. En estos momentos en que Estados Unidos ha amenazado al gobierno de Nicolás Maduro asegurando que representa un peligro para la seguridad nacional de su país, en España los dirigentes populares y sus medios de comunicación sicarios y mercenarios del capital siguen apoyando las mentiras y agresiones de EEUU contra Venezuela. A la par que otros políticos que incluso se reclaman de izquierdas, que demonizan el chavismo y la revolución bolivariana que se está realizando en este país. Recuerdo las arrogantes afirmaciones de Susana Díaz diciendo que si en España se pusieran en práctica las medidas de reparto de la riqueza que propone Izquierda Unida estaríamos como en Venezuela, convertido este país en símbolo de todas las miserias y desgracias.

Y es que en España no hemos logrado que la memoria de nuestra propia historia sea recordada con veracidad y enseñada y difundida desde las escuelas y los medios de comunicación para el conocimiento de toda la ciudadanía. De tal modo, en nuestro país se puede aceptar sin escándalo que Estados Unidos sea ahora defensor de los Derechos Humanos. Las risas que provocó en los periodistas asistentes a la rueda de prensa la declaración de Jennifer Psaki, portavoz del Departamento de Estado, diciendo que como “política de larga tradición Estados Unidos no apoya transiciones por métodos anticonstitucionales. Las transiciones deben de ser democráticas, pacíficas y legales”, debían haber sido gritos de indignación.

Sin entrar a relatar los golpes de Estado que apoyó, organizó y llevó a cabo el Departamento de Estado de EEUU, que sumieron en el crimen, la miseria y el atraso durante décadas a Guatemala, República Dominicana, Chile, Argentina, Uruguay, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Honduras, Granada, y hace poco más de un año el de Ucrania, y por no hacer un recorrido de las setenta guerras que han declarado, organizado, dirigido y realizado los presidentes y las cúpulas militares de esa potencia en el último siglo, querría recordar la infame relación que el gobierno estadounidense ha sostenido con los gobiernos fascistas y en contra de la democracia en España, desde la Proclamación de la II República.

A los dos meses del 14 de abril de 1931 la Banca Morgan lanzó un ataque contra la peseta que obligó al gobierno a exportar cerca de 300 millones de pesetas-oro a Francia, a fin de defender la moneda española en los mercados internacionales.

En 1932 el gobierno republicano intentó limitar los privilegios de la ITT en la telefónica cuyo monopolio se lo había concedido el rey felón Alfonso XIII durante la dictadura de Primo de Rivera. Pero en cuanto el gobierno de los EE.UU. supo de semejante propósito, convirtiéndose en garante de una compañía privada, amenazó con romper las relaciones diplomáticas, para que quedaran intactos los intereses y privilegios imperialistas de la ITT.

Uno de los grandes crímenes perpetrados por el gobierno estadounidense a lo largo de su historia lo constituye el apoyo y la ayuda que desde el comienzo prestó a las hordas fascistas sublevadas contra la República y, posteriormente, a la dictadura de Franco. La compañía norteamericana TEXAS Co. (una de las ramas de la Standard Oil) había suscrito en 1935 un contrato para el suministro de petróleo a la CAMPSA. En el marco de este contrato entre la TEXACO y el gobierno español, cinco petroleros de la TEXACO se encontraban en alta mar, camino de España, en julio de 1936. El norteamericano T. Rieber, presidente en aquellos momentos de la compañía, viajó a Burgos en cuanto tuvo noticia de la sublevación y puso su petróleo a disposición de los generales fascistas sublevados, telegrafiando inmediatamente a los cinco barcos de la TEXACO para que desviaran su rumbo y se dirigieran a un puerto ocupado por los rebeldes fascistas. La TEXACO resolvió así a los sublevados uno de sus más angustiosos problemas logísticos.

Según cifras publicadas por Herbert Feis, los envíos de petróleo suministrados a crédito por la TEXACO a Franco desde julio del 36 hasta el final de la guerra, alcanzaron los dos millones de toneladas. En agosto de 1936, al consultar la compañía Glenn L. Martin al Departamento de Estado sobre la conveniencia de cumplir un contrato, ya antiguo, con el gobierno español, referente a la venta de 8 aviones, la respuesta del gobierno yanqui señalaba a la compañía que la venta de esos aviones no correspondía al espíritu de la política del gobierno. No contentos con esta forma de presionar y de ahogar el comercio con la República española, el 8 de enero de 1937, el presidente Roosevelt y su secretario Hull hicieron aprobar la llamada “Ley de Embargo” prohibiendo el envío de cualquier suministro de armamento y otros materiales estratégicos a España. El mismo Franco, al conocer esta ley comentó: “El presidente Roosevelt se ha portado como un verdadero caballero”.

La Ley de Embargo, que impidió la venta de suministros a la España republicana, no impidió que la TEXACO suministrara a Franco las cantidades de petróleo que he mencionado, ni que las compañías Studebaker, Ford y General Motors suministraran a los ejércitos franquistas mas de 12.000 camiones y otros vehículos, pagados también a crédito. Esta ley no prohibió tampoco la presencia del representante de la Standard Oil, Mr. Middleton -a través del cual se gestionaba el suministro de petróleo, entre otras cosas- en Burgos, al lado del gobierno franquista, durante la mayor parte de la contienda.

Al terminar la II Guerra Mundial, después de los acuerdos de Yalta, España quedó fuera del Plan Marshall pero EEUU se posicionó claramente a favor del régimen franquista. De tal modo el 26 de septiembre de 1953 se firman los tres convenios llamados el Pacto de Madrid por el que Norteamérica concedía un crédito de 226 millones de dólares para modernizar el Ejército español y se instalaban en nuestro país las bases militares de Zaragoza, Morón de la Frontera (Sevilla), Torrejón de Ardoz (Madrid) y Rota (Cádiz). En Rota la Armada acoge todavía la sede de la VI Flota norteamericana que, durante más de una década fondeaba periódicamente frente al puerto de Barcelona. Y en Pals (Gerona) se instalaba una estación de transmisión de radio y de vigilancia de las playas de la Costa Brava.

En 1959 el Presidente de los Estados Unidos Dwitgh D. Eisenhower visita por primera vez España y es recibido en Madrid con manifestaciones entusiásticas de contento, mientras se abraza a Franco en El Pardo. Entre esa fecha y la muerte del dictador cinco presidentes de EEUU vienen a nuestro país para mostrar su apoyo y afecto al dictador. El 19 de diciembre de 1973 Carrero Blanco, Presidente del Gobierno en aquel momento, un día antes de que ETA lo matara, se entrevista en Madrid con el Secretario de Estado estadounidense Kissinger, que había organizado el golpe de Estado del 11 de septiembre contra Salvador Allende en Chile, para tratar de la entrada de España en la OTAN y establecer el territorio español como una base militar de EEUU en caso de una III Guerra Mundial.

Esta breve cronología de las excelentes relaciones y tratados de amistad que EEUU ha realizado con la dictadura franquista, tiene como colofón las declaraciones del Secretario de Estado norteamericano, el general Alexander Haig, al producirse en España el Golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, que afirmó que “el asalto al Congreso de los Diputados es un asunto interno de los españoles”.

Mientras tales excelentes relaciones entre EEUU y España se mantenían durante veintidós años, bajo la dictadura franquista el régimen prohibía toda clase de elecciones, los sindicatos libres, los partidos políticos, las asociaciones ciudadanas y estudiantiles, el Movimiento Feminista, la libertad de expresión y de prensa, y se perseguía, se detenía, se torturaba y se fusilaba a todos los opositores y las opositoras políticas, sindicales y ciudadanas.

Mi tía Carlota O’Neill sufrió cinco años de prisión, desde 1936 a 1941, en el Penal de Victoria Grande de Melilla por ser la esposa del capitán de aviación Virgilio Leret, fusilado por las tropas fascistas el 17 de julio de 1936, en la Base de Hidros de Mar Chica de Melilla. Juana Doña fue condenada a muerte en 1947 y conmutada su pena por la de 30 años, por ser comunista. Juana Corzo O’Neill, mi tía, secretaria de Dolores Ibárruri, penó 14 años de prisión por haber ayudado al Socorro Rojo. Manolita del Arco, Soledad Real, Tomasa Cuevas sufrieron interminables años de cárcel por ser comunistas. Julián Grimau fue fusilado el 20 de abril de 1963 después de haber sido torturado y arrojado a la calle desde una de las ventanas de la Dirección General de Seguridad de Madrid, por ser comunista. Francisco Granados Data y Joaquín Delgado Martínez fueron ajusticiados a garrote vil el 18 de agosto de 1963, por ser anarquistas. El 2 de marzo de 1974 Salvador Puig Antich es asesinado en Barcelona en el garrote vil, por ser anarquista.

Se calcula que fueron aproximadamente 250.000 los fusilados y fusiladas en España desde 1939 hasta 1953, en que se tramitaron miles de procesos en todas las provincias bajo el título de Causa General, contra los y las que se consideraron republicanos. Los asesinados y asesinadas en las cunetas, carreteras, pueblos y cementerios de España que han sido documentados, se estiman en 150.000, los restos de los cuales todavía están buscando sus allegados.

Mientras tanto 30.000 niños fueron robados a sus madres republicanas encarceladas, recién nacidos en las prisiones o acompañándolas en ellas, para ser entregados a familias franquistas a fin de robar para siempre su identidad y convertirlos a los principios del Movimiento Nacional, sin que hasta la fecha se haya tenido el consuelo de haber recuperado ninguno de esos hijos secuestrados y destruida su personalidad.

Muchos más miles de opositores y opositoras políticos fueron detenidos, apaleados en los sótanos de las Jefaturas de Policía y condenados a interminables penas de prisión, por los delitos de asociación ilícita y propaganda ilegal, desde 1939 hasta 1975; y veinticinco mil éramos los españoles y las españolas que estábamos en libertad provisional por causas políticas cuando murió Franco, mientras desde Eisenhower a Kissinger, los mandatarios norteamericanos visitaban España y se abrazaban con él en Madrid. Todavía el 27 de septiembre de 1975, menos de un mes antes de fallecer el dictador, fusilaban a José Humberto Sánchez Baena, José Luis Sánchez Bravo, Ramón García Sanz, militantes del FRAP, y a Juan Paredes Manot (Txiqui) y Ángel Otaegui, militantes de ETA, sin que se haya obtenido al menos una declaración de condena de la dictadura franquista por parte del gobierno de ese país llamado Estados Unidos de América del Norte, garante y defensor de los Derechos Humanos en todo el mundo.

Por ello, resulta escandaloso que Barack Obama, Presidente de este grande y poderoso país, se muestre tan inquieto y preocupado con la defensa de los Derechos Humanos en Venezuela, y tome medidas sancionadoras y amenazadoras contra ella, donde la vida transcurre pacíficamente, donde los medios de comunicación opositores se manifiestan todos los días agresivamente contra el gobierno, y donde las cotas de violencia no alcanzan las de México, Colombia o Honduras. Y que a pesar de que Venezuela es un país de 38 millones de habitantes con un pequeño ejército, que nunca ha invadido ni declarado la guerra a ningún otro, Obama se atreva a declarar que es “una amenaza para la seguridad nacional de EEUU”.

Pienso que defensores de los Derechos Humanos en Chile, en Nicaragua, en Guatemala, en Argentina, en Granada, en Panamá, en Paraguay, en Honduras, en República Dominicana, pueden escribir un artículo igual a este mío.


Un texto de Lidia Falcón, en Público.

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