viernes, 6 de febrero de 2015

I.U, O EL PARTIDO DE LAS OPORTUNIDADES PERDIDAS

Tania Sanchez,

Ha vuelto a pasar. Izquierda Unida ha vuelto a perder una oportunidad. Ha dejado que abandone por agotamiento Tania Sánchez, la candidata más prometedora que ha tenido a la Comunidad de Madrid. Como adelantó eldiario.es, ayer anunció que dejaba la formación y su acta de diputada en la Asamblea para formar un partido nuevo con el que integrarse en una “unidad de izquierda”.

No le ha quedado otra. Desde que ganó las primarias con holgura, la vieja guardia podrida de la federación madrileña le ha hecho la vida imposible filtrando a la prensa documentos que ponían en duda su gestión en Rivas Vaciamadrid y oponiéndose a sus intenciones de confluir con otras plataformas. Como tantas otras veces, Izquierda Unida pierde una oportunidad porque nadie sale a defenderla.


No nos engañemos, no se va porque la puedan imputar en la denuncia que le ha puesto el Partido Popular. Si la imputan, no podría presentarse por IU, pero tampoco creo que pudiera seguir adelante por libre. No se va, como dicen los machistas, porque no la dejen acercar su partido al de su pareja, Pablo Iglesias. Muchos otros apoyan esa unión.

Se va porque la dirección de su partido no ha atajado a tiempo las trampas que le han tendido Ángel Pérez y Gregorio Gordo, esas dos garrapatas que se agarran al despacho aunque están salpicados por su connivencia con las tarjetas de Bankia. Solo el PCE en Madrid ha hecho lo que correspondía al coordinador general: mandarles a paseo. Cayo Lara es Escarlata O’Hara, ya lo pensará mañana. Pero el mañana llega y el viento se lleva otra oportunidad.

Este es el problema de la dirección indecisa, lenta, esclerótica, exasperante de Izquierda Unida: desde que empezó la crisis, siempre llega tarde o no llega. Llegó tarde a entender lo que estaba pasando en la calle con los indignados y perdió su oportunidad de catalizar el descontento. Llegó tarde para ver que la calle estaba cansada de protestar y se le adelantó Podemos, un partido formado por gente que perdió la paciencia en Izquierda Unida. Llegó tarde a entender que la ciudadanía quería un recambio y presentó a Willy Meyer a las europeas.

Llegó tarde a dejar que las nuevas generaciones dieran el paso adelante y, cuando por fin lo hacen, como Tania Sánchez, llegan tarde a defenderles de las puñaladas traperas. Llega tarde la candidatura de Alberto Garzón a la presidencia, llega pese al aparato y llega después de que Podemos les pase por encima, o sea, llega forzada por las circunstancias, no por iniciativa propia. Llega tan tarde que muchos ya abandonan el barco y Garzón se queda solo ante el peligro, solo en un barco que se hunde porque han llegado tarde a extirpar el cáncer.

Y el cáncer ya es metástasis. En la batalla madrileña, la que más pierde no es Tania Sánchez, que se ha ido antes de que sea demasiado tarde para ella; es Izquierda Unida, que ha quedado gravemente herida en su imagen por esta nueva reyerta. Una pena que se tire tanto esfuerzo de gente honrada por culpa de unas pocas malas hierbas.

Sánchez también se va tocada. Cometió errores graves -difíciles de justificar- en Rivas y ha perdido mucha credibilidad por ello, pero si le queda alguna oportunidad de remontar, es fuera de IU, con Podemos, Ganemos Madrid o la plataforma ciudadana que se forme. No renuncia a su papel protagonista, entiendo, pero tendrá que medirse a otros candidatos si quiere encabezar la lista a la Comunidad. Pese a todo, la candidatura popular sale ganando con ella. En mi opinión, su perfil y su tirón mediático, pese a los tropiezos, le suma, no le resta.

Sin embargo, IU queda varada en la carrera de las municipales -sin candidata en un feudo trascendental- y todo porque no ha llegado a comprender que a muchos ya no les importan las siglas sino construir un partido de base que aproveche esta posibilidad única de ganar. No solo pierde a una gran candidata, pierde otra oportunidad de sumarse al cambio. Si quiere salvar los muebles, no le queda más remedio que intentar confluir o habrá perdido la enésima oportunidad. Quién sabe si no sería la última.

Un texto de Javier Gallego, director del programa Carne Cruda, en ElDiario.

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