miércoles, 11 de febrero de 2015

GOBIERNO Y "PERIODISTAS" CONTRA PODEMOS

podemos, eta,

La situació n social que atraviesa el país es para llorar, si no es para sublevarse tumultuariamente o para hacer la revolución... El Congreso de los Estados Unidos promulgó el 18 de diciem­bre de 2014 la “Ley para la Defensa de los DDHH y Sociedad Ci­vil en Venezuela”. Ese adefesio jurí­dico prevé la entrega inme­diata de recursos econó­micos y tecnología para financiar a secto­res políticos de ex­trema dere­cha, cuyas acciones terroris­tas han causado la muerte de más de 50 personas durante los últimos dos años en Vene­zuela. Pues bien, el go­bierno español y los periodistas frecuentes en la escena pública se unen a esta campaña que la opinión pública española ignora. De ahí esa ani­mosidad en apariencia repen­tina contra Vene­zuela y ahora también contra profesores españoles que asesora­ron al go­bierno de aquel país y tratan desde el partido político que han conformado poner reme­dio a la pobreza y el sufri­miento evita­bles de mu­chos millones de personas; pobreza y sufrimiento por el expolio a que le han sometido políti­cos y empresarios y por una política cruel propia sólo de países subdesarrollados. 

Por eso los periodistas españoles de cualquier signo (ni si­quiera los más ecuánimes o independientes) ni mencionan esa infame Ley del Congreso USA . Es más, a juzgar por tantas de sus diatribas contra el país venezolano y los profesores de Pode­mos, todo parece indi­car que la ma­yoría de ellos hubiera llegado tácitamente a un acuerdo sobre lo si­guiente:


1ª Venezuela no es una democracia respetable (pese a haber sido elegido su gobierno en un correcto proceso electoral).

2 º El propio in­tento de aplicar el socialismo práctico a ese país es indeseable y perseguible con todas las armas posibles, in­cluido el cri­men directo o los crímenes inducidos por sicarios; todo de acuerdo con las directrices de la Ley del Congreso esta­douni­dense. 

Y es que en España, tanto el partido del gobierno como el perio­dismo cotidiano siguen la estela del pen­samiento único. Por eso asumen que sólo la clase so­cial superior tiene de­recho a hacer con el dinero lo que quiera: llevárselo a paraísos fisca­les, liquidar a la hacienda pública lo menos posible o emplear ar­gucias tributarias que econo­mistas privados de la misma ideo­logía les aconsejan para defrau­dar. Pero no quienes no perte­ne­cen a esa clase y menos si además forman parte del par­tido polí­tico de nuevo cuño que pretende gobernar. 

Y todo este movimiento sobreviene (me refiero a su presen­cia en la política de los profesores de universidad) porque, en primer lugar, los socialistas españoles (socialistas es mucho de­cir) o no han hecho lo que prometieron y debieron cuando gober­naron, o no han hecho luego oposi­ción tenaz a la mayoría absoluta del go­bierno, o sencillamente se han conver­tido en c ómplices vergonzo­sos suyos para alter­narse en la gobernación con ellos. Y en cuanto a los comunistas (co­mu­nistas es también mucho de­cir), porque hasta ahora y durante to­dos estos años desde la transición apenas si han sido un grupo decorativo que ha contribuido sin proponérselo a disimu­lar con sus invectivas parlamentarias este engendro que por aquí llaman democracia. 

En resumen, el endemoniado binomio Venezuela-Po­demos nos lleva a la conclu­sión de que sólo los forajidos de toda la vida o bien los pusilá­nimes permisivos con ellos para mejor al­ternarse en el gobierno, son los únicos que se sienten legitima­dos para terminar de arruinar a este país... 

Un texto de Jaime Richart, Antropólogo y jurista, para Rebelión.

Azpijoko ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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