lunes, 9 de febrero de 2015

EUROPA, EL PATIO TRASERO DE ESTADOS UNIDOS

Europa, euro,

De nuevo Ucrania en el foco de atención de la actualidad internacional. Merkel y Hollande están en Moscú tratando de pactar con Putin una salida digna a una guerra civil —que van perdiendo— y que asola el país desde el golpe de estado ejecutado en Maidán por grupos violentos fuertemente armados de filiación neonazi. Aunque la propaganda mediática occidental haya construido un discurso de consumo público fantástico plagado, como suele ser habitual, de referencias a la democracia y a la libertad, no se pueden esconder los verdaderos intereses que persiguen Estados Unidos y sus vasallos con este golpe y la guerra subsiguiente: la desconexión económica y política de Rusia con Europa y el cierre del cinturón militar de la OTAN en torno al país.

Obviamente la consecución de una pieza geoestratégica de la talla de Ucrania, requiere de una larga planificación integrada, no es una simple ocurrencia de un gobierno al final del mandato de su presidente. De hecho, una portavoz del gobierno de Estados Unidos reconoció que llevaba invertidos más de 5.000 millones de dólares (muchos de ellos destinados a ONGs tapadera) en la conquista de Ucrania durante los últimos decenios. Las palabras fueron pronunciadas por la secretaria de Estado de EEUU para temas de Europa y Eurasia, Victoria Nuland a la CNN, el dato es incontestable.


El soporte, llamémosle ideológico o teórico de la operación fagocitado de Ucrania lo tenemos escrito en bastantes documentos. El mismísimo Huntington se esforzaba en aquel denostado «Choque de Civilizaciones» por apartar a Rusia de la cultura occidental, una auténtica barbaridad que va contra la historia de la música, la literatura o la Historia con mayúsculas, por mucho que ahora intenten esconder hasta el papel de Rusia en la liberación de Europa y Alemania del yugo nazi, como hemos visto días atrás. En un documento más operativo, redactado por la inteligencia norteamericana en el año 2.000 llamado «Tendencias Mundiales 2015» preveía que para esa fecha Ucrania ya se habría vuelto hacia el este definitivamente. También Brzezinski, consejero de Seguridad Nacional del gobierno de Carter, opinaba que Rusia debería aceptar el proceso de «domesticación» que la OTAN y EEUU le estaba imponiendo a marchas forzadas, donde la integración de Ucrania en la OTAN era la pieza fundamental para desvincular a Rusia del viejo continente. En ello están.

¿Cuál es el problema con Rusia? En tiempos de la guerra fría, la Unión Soviética encarnaba una alternativa económica y política al capitalismo de occidente. Lograr el apoyo de la URSS era la manera, para multitud de grupos revolucionarios (aunque no profesaran el comunismo), de tratar de sacudirse de la voracidad estadounidense, que imponía tiranías fascistas en medio mundo para apropiarse de sus recursos naturales y geopolíticos. En aquel tiempo, la vocación soviética era inequívocamente universal, no como en estos momentos con Rusia. Es ciertamente patente su implicación en Siria y en Ucrania, entre otras cosas para defender dos de las escasas instalaciones militares que les restan de tiempos pasados: la base de Tartús, en el oeste de Siria y las de Crimea y Sebastopol, bases de la flota del Mar Negro. Sin embargo, no existen evidencias de la implementación de un plan para rescatar el concepto de una nueva URSS o del imperio ruso, como machaconamente repite la prensa en una estrategia cansina y goebbeliana. Los movimientos de Rusia son técnicamente defensivos, de respuesta al imparable cerco militar occidental. Solo una gran dosis de intoxicación de medios de desinformación masiva puede hacer que veamos lo contrario. Ahí están los mapas y un buen timeline para demostrarlo.

El problema no es político ni económico, sino militar. Rusia conserva buena parte del poderío militar de la Unión Soviética, suficiente para contener disuasoriamente a EEUU, que da sus últimos estertores como potencia mundial económica y comienza a decaer en el plano militar. El flamante escudo antimisiles gringo es absolutamente insuficiente para contrarrestar las fuerzas misilísticas de última generación rusas con las que está siendo contrarrestado. Para EEUU es absolutamente indispensable anular los arsenales rusos para poder seguir ejerciendo de policía universal, una vez perdido el pulso militar ante China y el surgimiento de bloques como el de los BRICS que amenazan incluso las instituciones monetarias como el FMI y el Banco Mundial, con las que Washington ha controlado con puño de hierro la economía internacional.

Parafraseando a Antonio Sánchez Pereyra en «Geopolítica de la Expansión de la OTAN», «la OTAN es el dispositivo mediante el cual Washington pretende dividir y mantener subordinada a Europa, evitando a toda costa su autonomización como poder militar».

Mientras que los europeos no nos demos cuenta de ello, seguiremos subyugados por los Estados Unidos y sufriendo la inestabilidad de su Gran Juego geopolítico en nuestras propias carnes, en nuestro propio suelo, mientras ellos se dedican a inventar guerras, sanciones, bloqueos y a jugar con los soldaditos lejos de sus fronteras. Ya está bien de ser el patio trasero norteamericano y su teatro de operaciones. Hagamos una Europa unida, fuerte, integradora, social… e independiente. No se trata de escoger entre Rusia (o la imagen que nos proyectan de ella) y Estados Unidos, entre Putin y Obama. Se trata de escoger entre libertad y sumisión, entre independencia o emancipación.

Estados Unidos no ha dudado en usar al terrorismo yihadista en su beneficio en múltiples guerras, pero en Europa, en Ucrania, no ha dudado incluso en tirar de neonazis para conseguir sus fines geopolíticos. En efecto, las fuerzas de choque fascistas del euromaidán fueron entrenadas en bases militares de la OTAN de varios países del este como se pudo observar en un completo reportaje de fotografías publicado en varios medios de comunicación del que nos hicimos eco en los biTs RojiVerdes. Es cierto que los neonazis en la actualidad han desaparecido de la primera fila del gobierno, pero no es menos cierto que se han integrado en el ejército regular conformando batallones completos sanguinarios responsables de múltiples violaciones de los derechos humanos y crímenes de guerra convenientemente tapadas —hasta donde han podido— por los medios de comunicación occidentales a pesar de ser reconocidos incluso por preeminentes políticos norteamericanos como John McCain o por la propia OSCE.

Esta última ronda de negociaciones de Moscú, que trata de buscar el refrendo práctico de los fallidos acuerdos de Minsk, ha puesto de manifiesto algo que era bien patente para cualquier observador imparcial, que Rusia no controla a las autodefensas de Novorussia, que el hecho de que sean prorusas, no significa que sean una extensión del ejército rojo.

Esta es una de las mentiras más habituales de los media, al mismo nivel que las que afirman, sin ninguna prueba fehaciente, que hay tropas rusas en Ucrania combatiendo con las milicias independentistas de Donetsk y Lugansk, a pesar de que hace unos pocos días, a finales de enero, el jefe del Estado Mayor General de Ucrania, Víctor Muzhenko, reconoció públicamente en rueda de prensa que no había tropas rusas combatiendo en el sur y el este del país. Lógicamente, hay en Novorussia ciudadanos rusos defendiendo a sus compatriotas, familiares y amigos de los ataques de los neonazis de la Guardia Nacional ucraniana, pero también los hay —obviamente en menor medida— de muchos otros países, incluyendo a un grupo de antifascistas españoles y miembros del Partido Comunista patrio. Por contra, asesores militares, mercenarios (aca contratistas privados de seguridad) y armamento de la OTAN sí que ha sido visto y grabado abiertamente en la guerra civil.

Cada día que pasa, se hace más difícil una salida negociada al conflicto. Conforme más y más crímenes de guerra se sucedan, cuantas más bombas de racimo, cuanto más fósforo blanco, cuantos más edificios civiles sean atacados, la ciudadanía de las repúblicas de Donetsk y Lugansk jamás podrán vivir bajo el dictado del gobierno criminal de Kiev. Bienvenidos los cascos azules y las fuerzas de interposición, pero la ilusión de una Ucrania unida se puede disolver como un azucarillo a cada día que pasa sin que se produzca un acuerdo justo que reconozca el derecho de autogobierno y autodeterminación de los pueblos de Novorussia.

Un texto de Juanlu González en Rebelión.

Azpijoko ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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