lunes, 26 de enero de 2015

EL SENTIMIENTO DE ORGULLO DE DON MARIANO RAJOY

El presidente del partido del señor Bárcenas y el señor Aznar, tan cercano a CiU en numerosos asuntos de Estado (por ejemplo, en lo sucedido en el 4F en Barcelona), está muy orgulloso de esta España (como CiU lo está de una Cataluña muy similar: .Cat es la primera comunidad por el porcentaje de desahucios. Trinitat Vella, por ejemplo, es uno de los barrios de las ciudades de España con mayor número de familias desahuciadas).

¿De qué España? De la España que representa esta fotografía:

la españa de rajoy,

Pero, ¿De qué España concretamente?, ¿de cuál de ellas?, ¿de la que hiela el corazón? ¿La de los policías con pinta de agentes del (des)orden, la represión y la injusticia? De esa precisamente.
Algunas referencias de ese orgullo que me facilita el (maltratado y precario) profesor de la UPF, amigo y discípulo de Francisco Fernández Buey, Jordi Mir Garcia:






El orgullo de muchos otros ciudadanos/as no está en cambio en esa España. Está en otra, en aquella España fraternal y humanista que cantaba don Antonio Machado. La que representa la camarada Felicitas Velásquez con un niño de poco más de un año en brazos, el niño de una familia colombiana a la que se estaba desalojando de su vivienda con los pacíficos medios que podemos ver. A la “puta calle”, que os den. Detrás, como se imaginan, algún banco, algún fondo de inversión o de alto riesgo.

“Necesaria e impresionante” ha escrito otro camarada imprescindible, Manuel Martínez Llaneza.

Por eso, como han recordado los activistas documentados del grupo ETC, tiene toda su lógica la concesión del premio de matemáticas 2014 para el profesor Robert G. Eccles, de la escuela de administración de Harvard, quien ha enfatizado el lado milagroso de la concentración del poder de las corporaciones y ha expresado un lógico deseo por los beneficios universales que acarrean las “mejoras de la sociedad civil”. Palabras del profesor Eccles, un genio:

“La oportunidad del mercado, la presión entre iguales, la presión de los inversionistas y la reputación de las firmas están haciendo por las empresas lo que de otra forma podría lograrse solamente mediante regulaciones. 200 países del mundo tendrían que poner en vigor regulaciones de este tipo”.

¡Qué dolor de cabeza! Añade. ¡Qué rollo! En vez de eso, “el mercado mismo ya ha avanzado bastante en adaptar la economía global, mediante la concentración del mercado y el liderazgo moral de unas mil juntas directivas.”

¡Y ya está! ¿A qué se merece el premio?

Un texto de Salvador López Arnal en Rebelión

Azpijoko ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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