lunes, 22 de diciembre de 2014

LOS ABORÍGENES AUSTRALIANOS Y EL CAMBIO CLIMÁTICO

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“La tierra ya no puede mantenernos”, se lamentó William Clark Enoch, quien a los 51 años comenzó a notar cambios en el ambiente en el nororiental estado de Queensland, en Australia, como tormentas más frecuentes, erosión del suelo y salinidad en el agua dulce.

“La floración es menos predecible. Ahora tenemos que adentrarnos mucho más en el mar para pescar”, continuó Enoch, cuyo padre era originario de la isla de Stradbroke Norte, donde viven varios pueblos aborígenes.

Los indígenas y pobladores del Estrecho de Torres, que representan solo 2,5 por ciento (unas 548.000 personas) de los casi 24 millones de habitantes de Australia, forman parte de la cultura más antigua del mundo y desde hace generaciones ocupan estas tierras.

“Pero los pesticidas de las plantaciones de caña de azúcar y de banana escurren a los ríos y al mar y terminan en la cadena alimentaria. Tenemos que analizar los cerdos y las tortugas que matamos antes de comerlos por los contaminantes”, explicó Enoch a IPS.


“Ya tuvimos refugiados ambientales en este país durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945)”, recordó el indígena Mick Gooda, comisario de justicia social del Estrecho de Torres en la Comisión Australiana de Derechos Humanos.

“En los años 40, los isleños fueron desplazados de la isla de Saibai, de baja altitud, cerca de Nueva Guinea, hacia el continente porque unas olas enormes la inundaban”, indicó.

El aumento del nivel del mar global fue de alrededor de un 1,7 milímetros por año en el sigo XX. Desde principios de los años 90, el norte de Australia registró un incremento de 7,1 milímetros al año, mientras que en el este fue de entre dos y 3,3.

Los indígenas consideran que su corazón y su alma pertenecen a sus ancestros.

“Toda perturbación tiene consecuencias dramáticas sobre nuestro bienestar social y emocional. Quizá estas sean algunas de las razones por las que veamos un aumento de comportamientos autodestructivos”, explicó Gooda, del pueblo gangulu, en el valle Dawson, en el centro de Quieensland, al ser consultada por IPS.

Su desplazamiento también tiene un impacto significativo en la cultura, la salud y el acceso a los alimentos y al agua. Esta ha sido muy importante para los aborígenes desde hace 60.000 años, pero Australia se vuelve cada vez más caliente y seca.

Según el Informe Anual sobre Clima, de la Oficina de Meteorología, 2013 fue el año más cálido en Australia. La temperatura promedio fue de 1,20 grados centígrados superior al promedio de entre 1961-1990. La máxima se ubicó en 1,45 grados por encima del promedio y la mínima en 0,94.

“Por otro lado, la estación húmeda se vuelve más húmeda. El pequeño pueblo de Mission Beach, en Queensland, recibió hace poco 300 milímetros de lluvias en una noche. Esas variaciones extremas en los trópicos definitivamente causan un impacto sobre el estilo de vida indígena”, remarcó Gooda.

La investigadora Rosemary Hill, de la Organización de Investigación Industrial y Científica de la Mancomunidad, con sede en Cairns, explicó: “La carencia de infraestructura en las comunidades indígenas en materia de vivienda, agua, energía, saneamiento y caminos probablemente se deteriore más”.

Además, observó, “las enfermedades crónicas como asma, problemas cardiovasculares, infecciones u otros derivados del agua, aire o alimentos en mal estado probablemente se exacerben”.

“Podemos aprender tanto de nuestros ancestros sobre cómo afrontar el cambio climático y proteger al país”, destacó Kelly Mackenzie, directora de comunicaciones de la Coalición Australiana Climática de Jóvenes (AYCC).

“En Australia, tenemos que lograr realizar la transición hacia la energía limpia y dejar a los combustibles fósiles bajo tierra. Nuestras comunidades no tienen que depender de dádivas de las compañías mineras, podemos alimentar nuestros hogares con el sol y el viento y construir economías cuidando a las comunidades, la tierra y la cultura que es central para nuestra identidad”, arguyó.

AYCC llama al gobierno australiano a avanzar hacia la energía limpia y renovable y dejar los combustibles fósiles.

Según un análisis realizado por Climate Action Tracker (CAT), las emisiones de Australia podrían aumentar a más de 50 por ciento para 2020 respecto de los niveles registrados en 1990, con las actuales políticas climáticas del gobierno de Coalición Liberal Nacional.

El compromiso en 2009 en Copenhague de recortar los gases de efecto invernadero en cinco por ciento para 2020, por debajo del promedio de 2000, dejaría a las emisiones contaminantes 26 por ciento por encima de los niveles de 1990.

El carbón es el segundo mayor producto de exportación en Australia y representa alrededor de 30 por ciento del comercio mundial de este mineral.

De hecho, el primer ministro Tony Abbott declaró que el carbón es bueno para la humanidad. Su gobierno descartó el impuesto existente sobre él y redujo progresivamente la meta en materia de energía renovable.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, en inglés) en su quinto y último informe dijo que el uso de energía renovable requiere aumentar de 30 a 80 por ciento el suministro de energía mundial.

Hill cree que hay nuevas oportunidades económicas para las comunidades indígenas en la producción de energía, la retención del dióxido de carbono y la acuicultura.

“La adaptación climática ofrece oportunidades para fortalecer el conocimiento ecológico indígenas y sus prácticas culturales, que ofrecen una vasta experiencia, comprensión y resiliencia frente a la variabilidad ambiental”, explicó a IPS.

Editado por Kitty Stapp / Traducido por Verónica Firme

Fuente del artículo:  IPS Noticias

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