lunes, 29 de diciembre de 2014

FOTO CON UN GOBIERNO MORIBUNDO, O LA POCA VERGÜENZA DE CCOO Y UGT


Quieren acabar con todo, decían los sindicatos en la convocatoria de huelga general del 29 de marzo de 2012 contra la reforma laboral del gobierno de Mariano Rajoy. Y tenían razón. En tres años de políticas de ajuste del gobierno del PP han golpeado los derechos laborales, los salarios, las garantías ante el despido, las pensiones, la educación y la sanidad, los servicios públicos, el derecho a la vivienda, la dependencia… Y por si fuera poco, también a las libertades con la ley mordaza. La herencia de Rajoy es el ataque más brutal sufrido los trabajadores y los ciudadanos en mucho tiempo.

Pues bien, para despedir el último año de legislatura CCOO y UGT han firmado con ese mismo Gobierno un acuerdo que es una prórroga de lo ya existente, una ayuda y no una nueva prestación. Es solo para parados de larga duración, que hayan trabajado anteriormente, que tengan cargas familiares y que lleven más de 6 meses sin ningún tipo de prestación. La partida destinada a ello apenas llegará a los 1.500 millones de euros, cubrirá como mucho a 400.000 personas y la ayuda por parado no superará los 426 euros/mes. Los empresarios se beneficiarán en el supuesto de colocación, porque podrán descontar los 426 euros del salario del trabajador. No se refuerzan los servicios públicos de empleo y abre más la puerta a las agencias privadas de colocación.


En mi opinión este acuerdo es claramente insuficiente si tenemos en cuenta que la mitad de los parados no recibe protección y que las necesidades de comer y pagar luz, agua y alquiler no son temporales. Aunque lo pactado alivie temporalmente a algunas familias, es un pobre acuerdo cuando este Gobierno es responsable de la caída del nivel de cobertura en prestaciones por desempleo en más de 5.000 millones de euros, lo que ha aumentado las desigualdades y la pobreza en nuestro país. Y si bien está que los parados coman, mejor es que los parados trabajen y, en este sentido, no hay el menor cambio de política económica y presupuestaria por parte del gobierno.

Como dice el Sector Crítico de CCOO y Ganemos CCOO este acuerdo es absolutamente insuficiente y carece de entidad, como para montar una escenificación en Moncloa como ha tenido; es dar oxígeno al Gobierno y regalos a la patronalDicho de manera más clara: no es digno de esa gran foto que han pagado los sindicatos como peaje a un Gobierno moribundo que pretende reflotarse con estas operaciones. Son migajas para los parados y un agravio comparativo insultante si lo comparamos con los más de 130.000 millones de dinero público metidos para rescatar a los bancos y cajas de ahorro.

Todavía tendría sentido un acuerdo, aunque fuera escaso, si los sindicatos desenterraran el hacha de la movilización. Pero no parece que vayan por ahí las cosas. Apenas han convocado una huelga general en tres años de desmantelamiento del estado de bienestar y de saqueo de los derechos, y han ido a rebufo de las movilizaciones ciudadanas, como las de la Marchas de la Dignidad el 29-N de este año. Éstas han anunciado una huelga general para el 22 de octubre de 2015 sin contar con CCOO y UGT que, en principio, ni están ni se les espera. Parece que los sindicatos seguirán apostando por eso que llaman la “concertación” y que Rajoy intentará convertir en una tabla de salvación a bajo precio para remontar el desastre que le pronostican las encuestas.

La cuestión es el límite ¿Se prestarán al juego electoral del PP a cambio de otros ‘acuerdos-parche’ para evitar que se produzca el cambio político que espera la mayoría social? Espero que no, pero visto lo visto antes de las Marchas del 22 de Marzo y ahora, poner la mano en el fuego entrañaría mucho riesgo.

Ante el rotundo fracaso de esta estrategia sindical y el creciente nivel de desprestigio, urge la refundación de los grandes sindicatos. Es la única manera de que los trabajadores vuelvan a disponer de una herramienta útil para defenderse en esta jungla en la que han convertido el mundo del trabajo las políticas neoliberales.

Un artículo de Agustín Moreno, en CuartoPoder

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