viernes, 19 de diciembre de 2014

"EL MODORRO Y OTROS CUENTOS LIBERTARIOS"

cuentos libertarios,
Con mucho tesón ante la escasez de medios, con fe (laica) y voluntad creadora frente la sequía de capital, con una ilusión muy alta en medio de un mercado sin piedad, la modesta editorial Rasmia acaba de lanzar un segundo libro, “El modorro y otros cuentos libertarios”, que poco a poco va abriéndose un hueco en las librerías. Esta semana ha tenido lugar la presentación en la Librería Primado de Valencia. “El modorro y otros cuentos libertarios” consiste, como apunta la introducción (“Serrín, pensamiento y nitroglicerina”), en una antología de textos que hablan de Libertad, de su ausencia, su búsqueda, su necesidad…

El libro de 155 páginas incluye veinte cuentos de tres generaciones de autores nacidos en el siglo XIX, influidos por escuelas y corrientes diversas como el naturalismo, la novela social y el anarquismo. Algunos son bien conocidos: Vicente Blasco Ibáñez (“Primavera triste”); Joan Salvat-Papasseit (“Humo de fábrica”); Francisco Pi i Margall (“El Hurto”), Ricardo Mella (“El ogro”) o Azorín (“El Cristo nuevo”). El libro es también una buena oportunidad para aproximarse a contadores como Jacinto Octavio Picón (El hijo del camino”), quien escribió en la época de los Clarín, Valera o Pardo Bazán. O a la militante anarquista y luchadora por la emancipación de la mujer Teresa Claramunt (“Sangre roja y sangre azul. Cuento infantil”). También a la argentina Herminia Brumana (“Los deberes”), cuya literatura denuncia la iniquidad de la escuela y la opresión de la mujer; Rafael Barrett (“La gran cuestión”), Ernesto Herrera (“Vidas paralelas”), Baldomero Lillo (“La compuerta número doce”)…

Muchos de los relatos se difundieron en los periódicos libertarios de finales del siglo XIX y principios del XX. Tienen el sabor de los textos clásicos. El precedente de “El modorro y otros cuentos libertarios” es otra compilación, publicada en 1913, a cargo del anarquista menorquín Juan Mir: “Dinamita cerebral: antología de los cuentos anarquistas más famosos”. En la obra (de libre acceso en la red) el lector puede encontrar textos de Zola, Azorín, Pi i Margall, Ramiro de Maeztu, Máximo Gorki, Antatole France, Anselmo Lorenzo, José Prat, Jacobo Constant o Julio Camba, entre otros. El segundo precedente de la antología de la editorial Rasmia es “El cuento anarquista (1880-1911)”, con selección y prólogo de Lily Litvak.

Resulta imposible encontrar un hilo argumental que recorra los 20 relatos de “Modorro y otros cuentos libertarios, pero sí pueden subrayarse algunos contenidos que aparecen en estas “piezas breves que van al grano”. El lector puede encontrar páginas sobre la “propaganda por el hecho” y la acción directa, dos estrategias clásicas del anarquismo, pero también sobre el trabajo asalariado y la explotación; o la infancia y la educación, como motores del cambio. Por último, están presentes la crítica acerada a la farsa parlamentaria, así como la veta mesiánica, casi redentora, que caracterizó a algunas corrientes del anarquismo ibérico.


La edición –muy cuidada, casi selecta- no deja lugar alguno a la improvisación. Cada relato viene acompañado de una pertinente ilustración, a cargo de David Gálvez, Jorge Pablo Hernández, Javier Lapuerta y Santiago Larrosa. El ilustrador de cubierta es Manuel Sáez. Para que nada quede al azar, las últimas 20 páginas del libro incluyen pequeñas reseñas biográficas de cada uno de los narradores. Las citas encuentran asimismo el hueco que les corresponde. En la solapa trasera del libro, una de Montaigne, de la que la editorial casi ha hecho bandera: “La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha”. El libro concluye con otra sentencia de Albert Camus, porque el final de la impresión coincidió con el 101 aniversario del nacimiento del filósofo: “¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice no. Pero negar no es renunciar: es también un hombre que dice sí desde su primer movimiento (…)”.

La editora, María José Lisarde, destaca la relación entre el título de la editorial y el contenido de las publicaciones. Rasmia es un término aragonés que significa, explica la editora, fuerza y empuje para emprender una tarea. “Libros para afrontar la vida con energía y resolución, por eso tratamos de iluminar textos clásicos que el poder mantiene ocultos”. Tampoco es baladí el nombre de las colecciones. La antología de relatos libertarios está publicada en la colección “Surco”, “porque pretendemos que deje huella en el lector, que los libros no resulten indiferentes”, apunta María José Lisarde.

El compilador de los textos, Pedro Moreno, afirma que llevaba un tiempo cavilando sobre una posible selección de narrativa libertaria de finales del XIX. “El objetivo era rescatar voces hoy desconocidas”. Pero la idea la tomó de otra antología publicada hace un siglo, “Dinamita cerebral”, aunque si en este caso se optó más bien por autores europeos, principalmente franceses, en la antología de la colección surco se prefirió a los latinoamericanos. “Y no tanto autores anarquistas –matiza Moreno- sino más bien libertarios, una idea en la que cabe más gente”. En definitiva, se trataba de “rescatar autores que criticaban la sociedad de explotación en la que vivían” e incluso ir un punto más allá, porque “muchos de los relatos tienen hoy plena vigencia”.

Por ejemplo, “La prensa y el carácter de imprenta”, de Ricardo Flores Magón (1873-1922), periodista mexicano que fundó el periódico “Regeneración”, sufrió la cárcel durante los regímenes de Díaz, Madero y Carranza; colaboró en la rebelión zapatista y también en medios anarquistas como “Cultura Proletaria” o “Tierra y Libertad”. Murió casi ciego en una cárcel de Kansas. En el relato sobre la prensa y la imprenta hace decir a uno de los personajes: “¡Misión singular es la nuestra! Somos luz y somos tinieblas; vehículo de progreso y arma de retroceso. En manos del anarquista, somos antorcha y somos faro; en manos del burgués, proyectamos sombra sobre la conciencia de las masas populares”.

El escritor y periodista Alfons Cervera, autor de “Todo lejos” y “Las Voces fugitivas” (donde integra todo su Ciclo de la Memoria), destaca la iniciativa de editar una antología de cuentos libertarios (con todos los matices del adjetivo por los autores y sus obras) en el actual panorama de “pensamiento frágil y vacío ideológico”. “Muchos esos textos –agrega- tratan de cosas que están pasando ahora mismo en este país; algunos, incluso, es como si estuvieran escritos ahora mismo”. Otra barrera a la que se enfrentan los libros de estas características es que la literatura tiene un mercado muy débil en España. “Está prácticamente arruinado”.

Frente a las grandes editoriales, las modestas como Rasmia y muchas otras han de “patearse” espacios, contactar con librerías, sacar los codos, y “eso añadido a ofrecer un producto digno”, comenta el escritor y periodista. Actualmente, “si vamos a las librerías con el ánimo adecuado, encontraremos muchas editoriales pequeñas y jóvenes que lanzan productos y diseños de gran valor, ya que es el único recurso que tienen frente a las grandes editoriales”. “El dinero no sé de dónde se saca, pero lo importante en estos casos son las ganas”.

El título del libro procede del cuento “El Modorro”, de Joaquín Dicenta (1862-1917), periodista que también alumbró obras de teatro y zarzuelas, y que nunca abandonó “sus ideas progresistas y anticlericales, ni su apego por las gentes del lumpen y los excluidos”, según se le define en el capítulo de biografías. En opinión de Alfons Cervera, “El Modorro” es “el relato más escalofriante que he leído nunca”. El escritor selecciona además otro relato, “La gran cuestión”, de Rafael Barrett, donde aparecen tres personajes prototípicos de la época: el banquero, el general y el profesor. El cuento concluye con los protagonistas en el comedor, donde el criado les ha servido el almuerzo: ostras y vino del Rhin.

La otra colección de la editorial Rasmia es “Exergo”, en la que ha publicado “La decisión de Ippolit. Un ensayo sobre El idiota de F. Dostoiewski”, del catedrático de filosofía Javier Llop. Lanzada la primera edición en abril de 2014, el autor aborda aspectos de la naturaleza humana como el dolor, la desesperación, el deseo y la muerte, en la obra del novelista ruso. “En un mundo que se desmorona (el ruso de finales del siglo XIX), la obra nos interpela sobre quiénes somos y hacia dónde vamos, y abre nuestra conciencia a territorios que se asoman al abismo”, resume la editorial.

Azpijoko ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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