lunes, 10 de noviembre de 2014

RESEÑA DE "HISTORIA DE UN HOMBRE LIBRE: LUIGI FABBRI"


Luigi Fabbri es un referente fundamental del anarquismo italiano. Su pensamiento, muy ligado al de su amigo y maestro Errico Malatesta, es una muestra acabada de un humanismo anarquista que busca dar al hombre a través de la educación la conciencia necesaria para asumir la transformación revolucionaria de la sociedad. La biografía que su hija Luce (1908-2000) le dedicó: Historia de un hombre libre: Luigi Fabbri fue publicada en Italia en 1996 y en 2002 apareció en castellano en la editorial uruguaya Nordan-Comunidad con traducción de María Sagario y una introducción de Pier Carlo Masini.

Luce Fabbri nos acerca con voz teñida muchas veces de emoción a la vida y las ideas de su padre y maestro, y así sabemos de su nacimiento en 1877 en Fabriano, pequeña ciudad próxima a Ancona, primer hijo de un farmacéutico que ejercerá luego en otras localidades de la región. Luigi estudia el bachillerato en Recanati, destacando en historia y literatura, y sus lecturas lo llevan con dieciséis años a sentirse anarquista. En 1894 conoce ya la cárcel por distribuir un panfleto antimilitarista que él mismo había impreso. Gobernaba por entonces en Italia Francesco Crispi, un ex garibaldino astuto y vendido al poder. Socialistas y anarquistas, en pugna tras el congreso de Génova de 1892, pero aún solidarios en muchos frentes, promovían una agitación entre campesinos pobres y obreros que era reprimida ferozmente. El pensamiento libertario estaba dominado por el cientificismo de Piotr Kropotkin y el humanismo de Errico Malatesta, que llamaba de la indignación a la lucha: sentimiento hecho acción.

Los años que siguen, con título de bachillerato en 1896 y estudios de Derecho luego en Macerata, están marcados por el acoso policial. En abril de 1897, Fabbri conoce a Malatesta, que en largas conversaciones resuelve sus dudas y afianza su pensamiento; hasta el fin de sus días lo considerará su maestro y las discrepancias que surgirán en ocasiones le producirán hondo pesar, motivando interminables discusiones buscando un acuerdo a través de la argumentación razonada. En este momento se plantea ya Luigi Fabbri el arduo problema de la violencia en la lucha revolucionaria, que le preocupará toda la vida y que siempre afrontará con un rechazo básico y decidido de estos métodos. En mayo de 1898 es detenido y permanecerá en la cárcel hasta junio de 1899 en que pasa a un régimen de confinamiento en la isla de Ponza y luego en la de Favignana. Es liberado en octubre de 1900.


Con el nuevo siglo, Gigi (así solía llamarlo todo el mundo) Fabbri se establece en Roma, vive con sus tíos, sale adelante con trabajos periodísticos y colabora con la prensa libertaria. Pronto comenzará una relación sentimental con su prima Bianca, con la que se une en matrimonio civil en 1907. Entre 1903 y 1911, dirige con Pietro Gori una revista sociológico-literaria quincenal abierta a todo análisis crítico: Il pensiero, que contribuye al éxito del Congreso del Pensamiento Libre, Anticlerical y Revolucionario, celebrado en Roma en septiembre de 1904. Los meses siguientes Luigi viaja por toda Italia dando conferencias, con lo que su salud se acaba resintiendo. A finales de 1906 visita Londres, donde se entrevista con Malatesta, París, donde conoce a Grave, Malato y Guillaume, y el norte de Italia. Fabbri es considerado ya uno de los pensadores más destacados del anarquismo social, no individualista, que busca un legítimo campo de expresión en la lucha sindical. En agosto de 1907, acude al Congreso de Ámsterdam para defender estas ideas.

En los años siguientes, Luigi Fabbri descubre su vocación de educador y mientras se prepara para obtener el diploma de maestro de enseñanza primaria, entra en contacto y colabora con Francisco Ferrer. En 1908 nace Luce Fabbri, autora de la biografía. 1911, con el cierre de Il pensiero,supone un cambio en la vida de Fabbri, que aunque sigue escribiendo artículos militantes pasa a desarrollar cotidianamente un trabajo de maestro, tras conseguir el título ese mismo año. En esta época, la familia, a la que se había incorporado otro hijo, Vero, vive en pequeñas localidades donde Luigi realiza sus prácticas. Luce construye el relato de este tiempo con sus recuerdos de niña y los informes policiales sobre su padre. A partir de 1913, este elabora con Malatesta y Cesare Agostinelli, de Ancona, un semanario anarquista: Volontà, que hace intensa propaganda antimilitarista y anticolonialista.

La Semana roja de junio de 1914 afecta a Las Marcas, Romaña y parte de Emilia y se produce con participación libertaria y en menor medida de los socialistas revolucionarios que seguían a Benito Mussolini, enemistados con los reformistas del mismo partido. Todo ocurre cuando la consigna de realizar mítines antimilitaristas en toda Italia provoca en Ancona represión policial con muertos y desencadena una huelga general que toma carácter revolucionario y da a los trabajadores el control de algunas localidades. No obstante, el fracaso del movimiento en el resto del país hace que se suspenda la huelga y Luigi Fabbri que participó activamente en él en Fabriano, donde ejercía como maestro, ha de huir a Suiza.

Con el estallido de la guerra mundial, Luigi Fabbri realiza desde Volontà una intensa propaganda contra la intervención italiana, que no se materializará hasta mayo de 1915. A principios de este año, regresa a Italia al ser absuelto de los cargos contra él, y hasta 1922 la familia reside en Corticella, junto a Bolonia, donde Luigi ejerce de maestro. Son los años opresivos de la guerra, con los jóvenes ausentes y las mujeres asumiendo muchos trabajos que luego ya no querrán abandonar. La retirada de Caporetto trae a la ciudad el estruendo lejano de los cañones e historias terribles que relatan heridos y desertores. Es una época de estancamiento de cualquier lucha social, pero en seguida llegan gloriosas noticias de Rusia, y con el fin de la guerra las esperanzas revolucionarias se extienden por toda Europa. En Italia renace entonces el impulso libertario y a partir de marzo de 1919 reaparece Volontà, con nuevos colaboradores como Camillo Berneri. En diciembre, Malatesta regresa a Italia, donde el domicilio de los Fabbri en Corticella será una de sus residencias más frecuentes. Cuando comienza 1920, la revolución está en el aire; en septiembre se producen ocupaciones de fábricas, pero los reformistas fuerzan el abandono y la ocasión se pierde. Mientras tanto, ha madurado el fascismo.

1920 y 1921 son años tristes, de detenciones y sombríos barruntos de lo que se avecina. Las noticias que vienen de Rusia no contribuyen a mejorar el panorama; allí también los anarquistas son reprimidos. En 1921 aparece Dittadura e revoluzione, de Luigi Fabbri, que contiene uno de los primeros análisis críticos de la deriva autoritaria de los bolcheviques. En esta época, los fascistas ya mandaban y aporreaban en las calles con la complicidad de la policía, con lo que la marcha sobre Roma y el ascenso de Mussolini al poder en octubre de 1922 no significó en realidad un gran cambio. La situación de Fabbri en Corticella es apurada, aunque un mensaje del propio duce a las autoridades locales las insta a dejarle en paz si “no molesta demasiado”. Hasta 1925 consigue mantenerse en su trabajo de maestro, a pesar de que rechazaba hacer el saludo romano, y sigue colaborando en las pocas publicaciones anarquistas que resisten mientras el totalitarismo se consolida. En marzo de 1926, Fabbri es expulsado de su puesto al negarse a jurar fidelidad al régimen, y en otoño de ese año atraviesa clandestinamente la frontera suiza. En 1927 se establece en París.

La capital de Francia era en aquel momento un centro de reunión de los anarquistas perseguidos, con gran cantidad de italianos y fugitivos de la URSS, como Berkman y Majnó; con todos ellos entabla relación Luigi Fabbri, y muy pronto, con la colaboración de Camillo Berneri, Hugo Fedeli y otros, sacan un periódico quincenal Lotta Umana. En junio de 1927, Bianca se reúne con su marido. En una carta a Luce de esta época, Luigi Fabbri se declara admirador de la noviolencia que predicaba Tolstói; su resistencia a la acción violenta siempre fue grande y ahora se agudizaba. En 1928 la persecución de la prensa anarquista aumenta y aunque Lotta Umana aguanta todo el año, al fin Luigi es expulsado de Francia y en abril de 1929 junto con su esposa y Luce que se había unido con sus padres en enero, embarcan en Amberes. En 26 días están en Montevideo.

América trae a los desterrados el alivio de un asilo que se veía seguro y la sonrisa cordial de buena gente que se desvive por ayudarles. En 1929 en Uruguay se respetaba la libertad de pensamiento y la educación, por ejemplo, era gratuita. Los Fabbri contactan con los medios anarquistas y Luigi incrementa sus colaboraciones para La Protesta de Buenos Aires y otras publicaciones. Luce, además, da clases de italiano y griego, con lo que van resolviendo la existencia. Hay que decir, sin embargo, que la división del anarquismo en Argentina y Uruguay entre grupos con una clara tendencia sindicalista y otros, más reducidos, abiertos a estrategias expropiadoras e insurreccionales, fue muy dolorosa para Luigi Fabbri, que solidario por convicciones y temperamento más con los primero que con los segundos, en varias ocasiones se vio envuelto en el fuego cruzado entre unos y otros. Señalemos también que tuvo un papel esencial en la superación de los problemas personales que impedían la reunificación con los anarquistas que se habían adherido durante cierto tiempo a la III Internacional. En 1930 empieza a salir Studi Sociali ligado a La Protesta y con dirección de Fabbri.

El golpe de estado del general Uriburu en Argentina (septiembre de 1930) significó el comienzo de una época de represión encarnizada y sangrienta del movimiento obrero en aquel país, con lo que muchos de sus dirigentes buscaron refugio en Uruguay, entre ellos Diego Abad de Santillán, que pronto partirá para España con grandes esperanzas, tras la proclamación de la II República. La situación pecuniaria de los Fabbri es crítica en estos momentos y aunque Luigi consigue un puesto de maestro en la Escuela Italiana de Montevideo, el incontenible aumento de la influencia fascista hace que sólo dure unos meses en él. Trabaja entonces en la venta ambulante de libros. Por otra parte, la situación económica general del país era muy mala, con devaluaciones y paro descontrolados. 1932 está marcado para Fabbri por graves problemas de salud, con una úlcera sangrante de estómago que hubo de ser operada al fin. En julio además llega la noticia del fallecimiento de Malatesta en Roma. Luigi Fabbri lucha contra las malas nuevas con un trabajo tenaz en el que reflexiona sobre la frágil coyuntura internacional. El 31 de marzo de 1933, el golpe de estado de Gabriel Terra complica las cosas aún más, y Ugo Fedeli y otros compañeros son deportados a la Italia fascista. Resulta dolorosa, también, la división del movimiento anarquista italiano, que Fabbri se esfuerza por mitigar buscando puentes de encuentro. Studi Sociali puede seguir saliendo, de momento, aunque la policía vigila y se cierne sobre Luigi una amenaza de expulsión a Italia que afortunadamente no se materializó.

Corre ya 1935. Luigi Fabbri, operado de su úlcera pero aquejado de una prostatitis, aparte de los artículos, se vuelca en estos tiempos en su obra sobre la vida y el pensamiento de Malatesta. La guerra se hace cada vez más inminente y él está convencido de que sólo la revolución puede atajar al fascismo; una guerra traerá siempre la dictadura del vencedor. Propone también libertad económica para la revolución, con una competencia de todas las formas de organización una vez abolida la explotación. En este sentido, defiende con entusiasmo la revuelta asturiana de 1934, que demuestra la posibilidad de convergencia de diferentes opciones emancipadoras sin que ninguna tenga que imponer sus métodos particulares. En junio debe someterse a una operación de próstata, de cuyas complicaciones fallece en la madrugada del día 3. Luce Fabbri, también enferma por aquellos días, no pudo asistir al entierro. En los meses siguientes consiguió sacar adelante el primer número de una nueva serie de Studi Sociali, que seguirá saliendo hasta después de la guerra mundial, cuando las revistas publicadas en Italia tomaron el relevo.

Luigi Fabbri es considerado a veces un sistematizador y difusor del pensamiento de Malatesta, pero también es cierto que hay que reconocerle ricos matices propios, como en el asunto de la violencia, en el que su influencia hizo evolucionar la posición del maestro hacia un rechazo, que sin embargo, con el fascismo enfrente, era imposible e indeseable que llegara a la noviolencia. Luigi Fabbri fue un abanderado de la racionalidad y la discusión para solventar las diferencias de pensamiento y estrategia, y fue además un educador que concebía la anarquía como una pedagogía capaz de forjar un hombre nuevo para la revolución. Luce Fabbri escribe las últimas líneas de su libro en 1995, sesenta años después de la muerte de su padre, sintiendo que, mientras construcciones gigantescas se derrumban, el socialismo libertario al que él dedicó la vida permanece incólume como un valioso legado para las luchas del siglo XXI.

Un artículo de Jesús Aller, en jesusaller.com

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