martes, 18 de noviembre de 2014

LA U.E. AMENAZÓ A ECUADOR CON ELIMINAR AYUDAS AL DESARROLLO SI NO ACEPTABA EL LIBRE COMERCIO

TLC

Mensajes confidenciales entre el embajador ecuatoriano ante la UE y los ministros de Correa desvelan la posición de Bruselas para provocar cambios en la Constitución y privatizaciones. "Ecuador no tiene alternativa a la adhesión al TLC. O quedaría aislado", advirtió el jefe de Negociaciones de la Comisión Europea según el relato de esta documentación oficial. Los cables muestran una división en el Gobierno de Correa entre los que rechazan el libre comercio con UE y los que apostaron por seguir negociando; el acuerdo salió adelante y está ahora pendiente de aprobación.

Una conversación secreta al más alto nivel diplomático en Ecuador, a la que ha tenido acceso eldiario.es a través de filtrala.org, revela las presiones de la UE para conseguir que el país latinoamericano firmara un Tratado de Libre Comercio (TLC) y apartarlo así de alianzas con Argentina, Uruguay, Brasil o Venezuela. Los cables confidenciales dejan ver también cómo aquella tentación europea avivó un cisma en el equipo diplomático y de comercio exterior del presidente Rafael Correa, en el que tuvo que intervenir personalmente el ministro de Exteriores, Ricardo Patiño, y en el que despuntó el actual ministro de Comercio, Francisco Rivadeneira.

En estos mensajes está el origen del debate interno que existe actualmente en el partido de Gobierno en Ecuador. El país andino se encuentra a un paso de rubricar un acuerdo comercial con la Unión Europea que está generando polémica entre los propios fieles al proyecto de "revolución ciudadana" impulsado por Rafael Correa y que obligará al presidente a equilibrismos internos para sacarlo adelante.


La documentación que se publica hoy arroja dos hechos relevantes: primero, que Bruselas utiliza las políticas de Cooperación y los fondos de lucha contra la droga para negociar mercados libres para las empresas europeas. Segundo, que durante los años en que Correa arremetía contra los tratados de libre comercio, su equipo negociaba con la Unión Europea algo que desde Bruselas se dejaba claro que tendría que ser un Tratado de Libre Comercio con condiciones "agresivas".

eldiario.es ha podido constatar la veracidad del contenido de estos documentos a partir de dos fuentes que aparecen en ellos y de una persona que corrobora el registro oficial de estos mensajes. Son informes oficiales, cables diplomáticos que van debidamente clasificados; pero también son informes profesionales de una persona concreta, con lo que en parte son interpretaciones parciales de la realidad.



Nueve cables diplomáticos secretos, recibidos a través de una colaboración con la Associated Whistleblowing Press y su plataformaEcuadorTransparente.org, parten de la red de filtrala.org, recogen mensajes confidenciales que se intercambiaron entre 2011 y 2012 la misión diplomática ecuatoriana ante la Unión Europea y el Ministerio de Asuntos Exteriores y Comercio de Ecuador. Es una selección de mensajes muy tensos que desvelan las presiones de la Comisión Europea a Ecuador para que cambiara leyes esenciales y la política económica para ajustarlas a un Tratado de Libre Comercio, bajo la amenaza de dejar fuera a Ecuador de ayudas arancelarias a países en desarrollo.

Hasta cuatro altos cargos europeos, entre ellos el director de Comercio de la Comisión Europea o el jefe de Negociaciones de la UE, aparecen en estos cables presionando a Ecuador para que acepte, sin ninguna otra alternativa posible, las condiciones de un Tratado de Libre Comercio que en la práctica implicaban que el Gobierno de Rafael Correa renunciara a sus políticas económicas y a parte de su esencia ideológica. Si no tragaban, Bruselas eliminaría a Ecuador de la lista de países que pagan menos aranceles en sus exportaciones a miembros europeos por ser sociedades empobrecidas o en vías de desarrollo; tampoco formarían parte de un programa similar pero centrado en la lucha contra la droga, el SPG Plus. ¿Cómo justificarían esa retirada? Con un ranking del Banco Mundial que apuntaba a que Ecuador tenía unas rentas medias bastante altas.

Un exeurodiputado que ha trabajado varias legislaturas en cooperación al desarrollo en las instituciones europeas confirma a eldiario.es que "en ocasiones, sí, la Comisión Europea ha utilizado estos fondos de cooperación como arma de negociación comercial, también en África", y que hay cierto debate ético con eso.

“Ecuador no tiene alternativa a la adhesión, o quedaría aislado"

El relato que consta en esta documentación comienza con una reunión confidencial. Se produce el 17 de noviembre de 2011 a las 13.00 horas en Bruselas. Se ven las caras el viceministro de Comercio de Ecuador, Francisco Rivadeneira, y el director adjunto de Comercio de la Unión Europea, Peter Thompson. Junto a ellos está sentado, escuchando y muy enfadado, otro hombre: el jefe de la Misión diplomática ecuatoriana ante la Unión Europea, el embajador Fernando Yépez Lasso. 

Yépez Lasso envía cinco días después un cable diplomático a la atención de su viceministro de Exteriores, Kintto Lucas. Primero protesta enérgicamente: se había enterado de la reunión poco antes de que tuviera lugar y “por un funcionario europeo”. “Resulta incómodo”, dice en el lenguaje diplomático del enfado, “al no respetarse los canales regulares del procedimiento diplomático para una reunión de alto nivel”. Es el enfado de Yépez Lasso lo que facilita que en sus mensajes quede patente, durante el año siguiente, lo que a su juicio es una derrota de la línea política marcada por Rafael Correa.

En esas reuniones, se queja Yépez, la UE trata de chantajear al Gobierno de Ecuador: si no acepta determinadas condiciones comerciales para adaptarse poco a poco a un Tratado de Libre Comercio, tendrá que renunciar a las facilidades arancelarias que Bruselas prevé para las importaciones desde decenas de países en desarrollo. Pero aceptar esas exigencias, advierte Yépez, sería asumir que Ecuador escoge las normas el bando occidental y no podrá estar en la alianza económica de Mercosur, donde conviven Argentina, Brasil o Venezuela. Sería, recuerda Yépez, alejarse del discurso político que ha mantenido en público el presidente Rafael Correa.



“Esta posición de la Comisión Europea”, dice Yépez, ya tras la primera reunión de su colega con el director adjunto de Comercio de la Comisión, “es un elemento de presión hacia el Ecuador para que se sume al TLC ante la posibilidad de perder el SGP”, el acuerdo preferente en los aranceles. Según su relato de la reunión, la Comisión Europea insistía en que “para el Ecuador lo más conveniente es adherir al TLC que la Unión Europea ha concluido con Colombia y Perú”, países, sobre todo el primero, con excelentes relaciones políticas y comerciales con multinacionales españolas y norteamericanas.

En esa reunión despuntan algunas de las espinas que enconarían el resto del proceso: para aceptar el TLC, Ecuador deberá renunciar a parte del esquema público ecuatoriano para “sectores estratégicos” o la potenciación de las “compras públicas”; es decir, privatizaciones.

En otra reunión, el jefe de Negociaciones de la Comisión Europea para América Latina, Gaspar Frontini, lo expresa aún más claramente, según Yépez: “Ecuador no tiene alternativa a la adhesión del TLC”, transcribe el 7 de diciembre de 2011, ya que de lo contrario “perdería el acceso privilegiado al mercado europeo” y “quedaría aislado”.

El embajador arremete duramente contra lo que conllevaría aceptar el TLC europeo. Se trataría de perpetuar “el modelo de desarrollo neoliberal impulsado en la década de los 90” . Y va más allá: asegura que suscribirlo traicionaría “la letra y el espíritu de nuestra Constitución, así como de las Leyes de Empresas Públicas y de la Economía Popular y Solidaria”. El modelo ecuatoriano, dice un convencido Yépez, “está divorciado de los TLC”. Las opiniones de Yépez no dejan de ser continuistas con la doctrina política defendida en público durante años por Rafael Correa y Ricardo Patiño.

Sin llamarlo directamente chantaje, el embajador lo expresa a su manera en los desahogos ante su viceministro: se trata de una “presión por parte de la CE y de ciertos sectores empresariales para que Ecuador adhiera el TLC” como “única alternativa para evitar la pérdida de acceso” al mercado europeo, con “sus eventuales efectos económicos, comerciales y sociales”.

En plenas vacaciones navideñas de 2012, las cosas se aceleran. Mientras que el Gobierno emite un comunicado diciendo "Presidente Correa dice sí al Mercosur y no al TLC con la Unión Europea", el viceministro de Comercio ha seguido con su línea independiente de conversaciones con las instituciones europeas; el embajador escribe al ministerio muy enfadado: la conclusión que él saca del acta que le ha llegado de esas reuniones es “clara, precisa y unívoca: Ecuador quiere negociar su adhesión al TLC”. Eso queda coronado por un titular puesto en boca de Rivadeneira muy contundente: "No nos interesa adherirnos al Mercosur".

Había algo que Yépez Lasso no controlaba. Las reuniones sucedían a sus espaldas, presencialmente o por videoconferencia. Él, por su parte, mantenía encuentros donde insistía en la posición oficial, para sorpresa de sus interlocutores europeos, que recordaban reuniones previas con el viceministro de Comercio en las que se abría la puerta a una negociación para el TLC.

Francisco Rivadeneira es un hombre en ascenso. Se siente muy respaldado en lo que está haciendo. En enero de 2012 envía un durísimo mensaje al embajador, en copia al todopoderoso ministro de Exteriores ecuatoriano, Ricardo Patiño. Es un texto conciso, dividido en cuatro puntos, reprende la “actitud inconsulta” –de nuevo, el lenguaje diplomático del cabreo– y señala que “la gravedad de su actuación” ha provocado que la UE haya congelado las negociaciones hasta que los ecuatorianos se aclaren. Yépez Lasso vuelve a responder con más madera contra Rivadeneira. Y con que tú no eres mi jefe.

Cuando Comercio desborda a Exteriores

El punto y final a estas tensiones es también una premonición. El ministro de Exteriores, Ricardo Patiño, tiene que intervenir para darle la razón a su subordinado, Francisco Rivadeneira, que acabaría un año después siendo ascendido a ministro por Correa, que desgajó la cartera de Comercio Exterior fuera de Relaciones Exteriores para darle independencia.

Patiño escribe dos escuetos párrafos que rompen con una cadena de mensajes cada vez más encendidos con parrafadas llenas de literatura diplomática y eufemismos cargados de disputa. El ministro establece que hay que avanzar tanto con el Mercosur como con la UE para ver a dónde llegan las negociaciones; “conocidos los resultados de ambos procesos, tomaremos las decisiones definitivas”.

Yépez no sale de su asombro. Y advierte, ya a modo de recomendación desesperada: “Ecuador podría conseguir algunas particularidades” en ese TLC “pero en lo sustantivo, en sus fines, en sus modalidades y en sus efectos” será, advierte, “un TLC de aquellos que rechaza el Jefe del Estado”.

¿Y qué pasó?



La fecha clave era enero de 2014, cuando Europa tenía que renovar las ayudas arancelarias y contra la droga a los países en desarrollo. Ecuador sigue estando entre los países que se benefician de esas ayudas, tras una prórroga excepcional. El país andino no forma parte del Mercosur. Ha suscrito un preacuerdo comercial con la Unión Europea, que el Gobierno de Ecuador asegura que "no es un TLC" sino que respeta las particularidades ecuatorianas; y que los críticos aseguran que "sí es un TLC".

Un artículo de José Luis Sánchez en eldiario.es

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