miércoles, 12 de noviembre de 2014

GUREAK


Gureak

Gureak nació como empresa con un “objetivo prioritario: la plena integración social de las personas con discapacidad a través de la inserción laboral”. En ese afán va a cumplir 40 años.


Todas las personas que trabajamos en Gureak tenemos algo en común: tener una discapacidad y que se nos haya reconocido. Y aclaro lo de la acreditación porque la mayoría de los “capacitados”, eso que algunos tienen por la gente “normal”, entre otras muchas carencias ni siquiera ejercen las neuronas que se les suponen. A ello se debe que estemos como estamos. Simplemente, son discapacitados a la espera de ser homologados. Bastaría una simple mirada al panorama político del Estado español para advertir cuantos discapacitados sinvergüenzas gobiernan nuestras vidas. Para nuestra fortuna, al no habérseles reconocido todavía sus manifiestas incapacidades, en lugar de trabajar en Gureak, son presidentes, congresistas, ministros, jueces, periodistas… Y sí, es terrible padecerlos en el gobierno pero no quiero ni imaginar lo que sería aguantar a la Cospedal en el trabajo, todo el día a tu alrededor, y compartir mesa en el comedor de la empresa con Fátima Bañez y Ana Mato, y encontrarte a Marhuenda en la fila del café, y en el autobús de vuelta a Azkoitia acabar sentado al lado de Montoro.

De Gureak no puedo decir que como empresa pague buenos salarios. De hecho, ninguna empresa los paga, pero hay algo, sin embargo, que distingue a Gureak, que la hace especial, y ese algo es su personal, ese conjunto de personas afectadas por distintas discapacidades y que somos su mejor activo, su mayor capital.

Y a quien lo dude le propongo que elija, entre las tantas formas de darte unos buenos días, si prefiere intercambiar informes meteorológicos con su compañero de trabajo, a la posibilidad de que venga Joaquín, colgado de una sonrisa incombustible y eufórico te abrace y cuente que esa noche ha dormido con pijama y que mañana es viernes.

¿Verdad que se agradece la diferencia? Sólo en Gureak vas a encontrar a Ander, cantando por encima de sus gafas a las petacas de paso por su puesto en la línea; sólo en Gureak puede ocurrir que Xabier, aprovechando los minutos de descanso, se marche al pequeño monte próximo al taller, allá a donde no llega la sirena ordenando la vuelta, a buscarle flores a Amparitxu.

Joaquín, Ander, Xabier, Amparitxu… son la diferencia, lo deben seguir siendo.

Un maravilloso artículo de Koldo Campos Sagaseta para Rebelión.

Azpijoko ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario