martes, 18 de noviembre de 2014

BHOPAL, 30 AÑOS DESPUÉS

Bhopal

Están a punto de cumplirse, apenas faltan dos semanas, el trigésimo aniversario de uno de los mayores desastres (la palabra es injusta porque demedia aquel horror) industriales de la historia. La noche de 2 de diciembre de 1984 toneladas de gases tóxicos (isocianato de metilo es el nombre del gas filtrado) escaparon de una planta de pesticidas de la empresa norteamericana Union Carbide -adquirida posteriormente por Dow Chemical- en Bhopal, en el centro de India.


Esa noche de 2 de diciembre y la siguiente la gente caía muerta por las calles. ¿Cuántas personas murieron, cuántas han sufrido y sufren las secuelas de aquel desastre que probablemente nunca hubiera ocurrido si la fábrica hubiera estado situada en San Francisco, Barcelona, París, Londres o Berlín? Gobierno y corporación hablaron (acordaron) de unas 5 mil personas. Otras investigaciones hablan de 22.917 muertos, más de cuatro veces más, y de 508.432 casos de incapacidad permanente. Los heridos graves han sido 33.781.

Se compensó a menos gente y en menor medida de la que debiera haberse efectuado. Los negocios son los negocios y los muertos de tercera no son muertos de primera. A lo largo de los años, activistas y ecologistas han hablado, documentadamente, de un pacto secreto entre el gobierno hindú y Union Carbide (su responsable de aquellos años, el entonces presidente de UCC, Warren Anderson, abandonó India tras el incidente y falleció el pasado 29 de septiembre de 2014, a los 92 años, sin haber sido juzgado, en un retiro de ensueño y sin tóxicos) para que esta última pagase mucho menos dinero. ¡No hay que estar a malas con los poderosos, imponen su ley de hierro y codicia!


Mujeres afectadas de muchos territorios de la India llegaron estos días pasados a Nueva Delhi con ocasión del aniversario de la tragedia. Han exigido al gobierno central que cumpla sus promesas nunca cumplidas. Y han ganado finalmente una batalla. No ha sido fácil. Han podido gritar “victoria justa” y se han abrazado. Han llorado también, con pasión y razones.

El Gobierno indio ha prometido revisar las compensaciones a los supervivientes y las cifras oficiales de víctimas de la tragedia. El ministro de Químicos y Fertilizantes, Ananth Kumar [1], acordó un nuevo recuento de afectados y su estatus en una reunión con cinco mujeres supervivientes de Bhopal que mantenían una huelga de hambre en Nueva Delhi, según ha apuntado el responsable de la ONG “Grupo de Información y Acción de Bhopal”, Satinah Sarangi. "Estamos más cerca de conseguir justicia", dijo una de las cinco supervivientes de la tragedia que mantenían una huelga de hambre desde el pasado lunes 10 de noviembre en Nueva Delhi.

El nuevo recuento se llevará a cabo con los datos de los hospitales locales de Bhopal y del Consejo de Investigación Médica de la India. El 93% de los afectados recibieron unas 25.000 rupias, unos 320 euros, por considerar que sufrieron “lesiones no permanentes”. Sarangi explicó que se ha acordado elevar esa cantidad a 100.000 rupias, unos 1.300 euros, si el nuevo recuento demuestra que sufrieron lesiones permanentes. Además de ese incremento, el Gobierno revisará el número total de afectados en el nuevo recuento.

En todo caso, las autoridades indias pretenden establecer el total de las indemnizaciones en 960 millones de euros; las víctimas piden que se aumente la cifra a 6.700 millones. Las espadas siguen en alto (la empresa Union Carbide India y el Gobierno, personado como demandante en un proceso judicial eternizado, cerraron en 1989 un acuerdo de conciliación que convenía el pago de 470 millones de dólares).

“Hemos luchado mucho tiempo por esto. Estamos más cerca de conseguir justicia“, ha dicho Shezadi Bee, una de las mujeres huelguistas. A sus 59 años recuerda muy bien la madrugada de aquel día de diciembre de 1984. Su marido y sus hijos han sufrido problemas de salud desde entonces.

“Es una iniciativa importante para subsanar los errores históricos que se han cometido en Bhopal“, ha afirmado Sarangi en referencia al acuerdo. Aún queda mucho por hacer. “Dow Chemical tiene que pagar compensaciones, limpiar la fábrica y los barrios de alrededor y hacerse cargo de los cuidados médicos que necesitan las víctimas, entre ellas los niños que han nacido posteriormente con problemas de salud”.

La lucha continúa. Resistir y persistir es empezar a vencer, ya se ha empezado, conseguir que la justicia social sea algo más que dos palabras unidas sin significado real ni conocido. Y que en el mundo no rija una sola ley: la codicia de la acumulación incesante e ilimitada de capital.

Un artículo de Salvador López Arnal, para Rebelión

Azpijoko ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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