jueves, 23 de octubre de 2014

LA EDUCACIÓN PÚBLICA EN EL PUNTO DE MIRA


“Se lo están cargando todo”. Eso decía un amigo mío que añoraba luchar por los derechos de los españoles. Y es que estos mandatarios son unos auténticos ascetas, que en vez de dar ejemplo de democracia hacen todo lo contrario, cargarse la educación pública por encima de las reivindicaciones de la mayoría de los estudiantes. Y creo que convendría decir, mayoría dentro de una minoría de estudiantes, pues muchos jóvenes están abandonando la educación, sobre todo la universitaria, entre tanto por motivos económicos. Y es que los precios se han encarecido en los últimos años hasta convertirse en insostenible que cualquier familia de clase trabajadora que antes sí podía pagar los estudios a sus hijos, sea incapaz en estos tiempos de hacer frente al pago de la matrícula de los estudios; sin tener en cuenta el alquiler si de un traslado geográfico se cabe. Ni que hablar de cuando se trata de la Educación Secundaria Obligatoria (ESA), que los precios están desorbitados y son muchos los padres y madres que se aprietan otra vuelta más el cinturón para poder pagarle a sus hijos una educación con vista a un futuro. Futuro que por ahora y tras las palabras de nuestros mandatarios no dejan de ser una falacia, y tal son así los discursos, que los padres que pueden pagarle unos estudios a sus hijos pierden cada vez más la esperanza y miran al futuro como un camino incierto. Ni siquiera irse a otro país es rentable, porque si algo bueno tenía el famoso Plan Bolonia, eran las prácticas, ese espíritu académico que abogaba por menos teorías y más prácticas, más interrelación cultural y una Europa más homogénea académicamente hablando. Pero, “se lo están cargando todo”, estudiar se convierte en un planteamiento muy calculado para los padres e hijos que se quedan con el sueño de formar parte de la comunidad universitaria, ésta como pilar o eje fundamental de un país que proyecta su visión al futuro en un mundo cada vez más competitivo. 

Pero lamentablemente, estamos involucionando hacia una España profunda y aislada, como cuando estudiar era sólo para los hijos de los señoritos, quienes sólo ellos podían gozar de ser ciudadanos libres en su pleno de derecho, quienes podían estudiar y beneficiarse de estancias en el extranjero, para más tarde aterrizar en esta España y seguir siendo parte de los privilegiados. De esa forma, la familia pobre seguiría siendo más pobre y cada vez estará más lejos de hacerle cumplir a sus hijos el sueño que nunca pudieron cumplir esos padres, la de poder estudiar. Y es que parece mentira que hace unos días visitaba un centro de adultos, y aquellas personas que conformaban parte de las aulas, eran personas que habían vivido en la época de la dictadura y no habían tenido la oportunidad de ir al colegio, habían estado toda su vida sin saber leer ni escribir, y gracias a los centros de adultos y su sistema de aprendizaje “educación permanente”, muchas de estas personas están haciendo sus sueños realidad, una realidad que en su día vivieron, y que maldita sea la hora la historia que les tocó vivir en su presente, ahora pasado, y en este futuro, donde nunca pudieron hacer sus sueños realidad de ser enfermera, maestra, actriz, historiadora, etc. Lo que presumo, que a este ritmo que marcan los mandatarios políticos, nos tocará vivir una generación empobrecida académicamente y en mitad de una Europa con modelos educativos más sofisticados. En cambio, la España privada será de los privilegiados que sólo ellos pueden estudiar en los centros privados, y como esto sigue así, lo público será más privado. 

Un artículo de Andrés López Pérez. Licenciado en Antropología Social y Cultural 

Azpijoko ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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