miércoles, 15 de octubre de 2014

LA CRISIS POLÍTICA SE AGUDIZA Y PODEMOS ASPIRA A GOBERNAR


Hace una semana el comentarista liberal, S. McCoy, daba la alarma en su columna del periódico El Confidencial, acerca de la posibilidad cada vez más alta de que Podemos se haga con el gobierno de España. Tremendo, por qué Podemos terminará gobernando España.1 Para ese pronóstico se basa en el Informe Valores político-económicos y la crisis económica que la Fundación BBVA publicó en abril de 2013.2 El autor del artículo achaca el ascenso político sostenido de Podemos en el año 2014, a las actitudes políticas básicas de los españoles recogidas en el Informe del BBVA. Según sus observaciones, la reacción de la población española ante la crisis manifestada en esta encuesta, coincide con las propuestas del programa de Podemos en varios aspectos fundamentales. La desconfianza hacia el funcionamiento del sistema político, que da origen a la descalificación de la casta, se combina con la preferencia por un Estado que regule la economía y proporcione los servicios básicos a la población, minusvalorando el papel del mercado en la economía. 

Se trata, sin duda, de una combinación explosiva, y desde el punto de vista liberal, desastrosa: Podemos   sería, de acuerdo con el estudio de la Fundación BBVA, la propuesta perfecta de gobierno para una mayoría de españoles   a los que el conformismo y la desesperación parecen haber cegado la razón –concluye McCoy-.  Que la mayoría de ciudadanos en el Estado español desconfíe del mercado como institución reguladora de la economía y prefiera el intervencionismo del Estado, es una mala noticia para las clases dirigentes capitalistas. Sin embargo, lo que puede ser entendido como un atraso histórico, desde ese punto de vista liberal reflejado en la opinión de McCoy, tal vez sea todo lo contrario desde el punto de vista del progreso de la humanidad.

Pues el problema que se le plantea a la clase dominante es cómo manejar esa contradicción en la opinión pública del país, la cual se debate entre: a) por un lado, el rechazo del Estado constituido, debido al deterioro profundo de sus corrompidas estructuras políticas –lo cual puede entenderse como la causa directa de su incapacidad para manejar la crisis-; y b) por otro, la necesidad del Estado como garante de los derechos colectivos e individuales, y forma más eficaz para una organización económica racional.

La solución que nos proponen los liberales es decimonónica: liquidar la confianza en el Estado, para conseguir que la iniciativa privada resuelva los problemas, impulsando una economía productiva. La salida perfecta a la crisis, desde este punto de vista, será la solución italiana de sustituir el gobierno democrático por un equipo de tecnócratas que apliquen las medidas liberales. Cierto que podría no hacer falta: el gobierno del PP se limita a aplicar la política dictada desde Europa; pero su ineptitud llega a extremos difíciles de imaginar hace poco tiempo –como muestra el caso de la importación del virus del Ébola, quizás para paliar la escasez de importaciones que han hecho posible la balanza de pagos más equilibrada por primera en vez en muchas décadas-. Y la pregunta es ¿por qué Europa no ha intervenido ya directamente la política española? ¿Tal vez porque la situación es demasiado grave para hacerlo así?
No es McCoy el único liberal que ha dado la voz de alarma ante el deterioro cada vez más grave de los problemas económicos y políticos. Pero lo que no pueden reconocer esos ideólogos de la derecha es que las recetas neoliberales ya no sirven para recuperar la economía capitalista en declive. Lo que no se toma en cuenta desde ese planteamiento, es que el estado de crisis en que nos encontramos es justamente el producto de más de tres décadas de economía neoliberal. Por el contrario para esos conservadores las tres décadas y media de privatizaciones continuas han sido insuficientes, y por tanto hay que privatizar más todavía y terminar definitivamente con el Estado del Bienestar. La vida es del color del cristal con se mira: la culpa de la crisis no la tienen las políticas económicas neoliberales, sino la protección social y los subsidios a los parados que los incapacitan para trabajar productivamente.

Ahora bien, en democracia, la opinión de los españoles es un dato fundamental para analizar las salidas posibles de la crisis. Y los votos se están moviendo en la dirección contraria a los deseos liberales: el bipartidismo liberal puede perder el poder. La solución para la mayoría de los españoles no es liquidar el supuesto b), la confianza en el Estado; sino el a), la corrupción política y el Estado actualmente constituido. Se está preparando un cambio de profundas dimensiones, que modelará el próximo periodo histórico, y los pueblos peninsulares se inclinan por una solución de izquierdas y revolucionaria a los problemas planteados: un nuevo Estado completamente transformado, que nazca de la movilización colectiva y el debate público, que suponga un avance en la democracia y en la participación, que proporcione una gestión transparente de los bienes públicos y un desarrollo de la protección social para todos los ciudadanos. 

Por eso, desde la derecha liberal se acusa a la ciudadanía española de haber perdido la razón. Lo que resulta una acusación muy grave; porque imponer las políticas neoliberales en esas condiciones exigiría un tratamiento de shock –tal como nos mostró Naomi Klein en su historia del capitalismo reciente-. Y lo que debemos preguntarnos desde la izquierda, es si lo que están insinuando estos liberales es la necesidad de un tratamiento fuerte de la crisis económica, a través de algún golpe de fuerza para imponer sus puntos de vista sobre la economía. El próximo referéndum catalán puede ser el momento elegido para crear ese shock que electrice la opinión pública española y reconduzca las actitudes de los españoles hacia la senda liberal.

Un artículo de Miguel Manzanera Salavert para Rebelión.

Azpijoko ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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