lunes, 20 de octubre de 2014

EL ÉBOLA DE LA CORRUPCIÓN


Cobraban como si supieran de todo aunque declaren ante el juez que no se enteraban de nada. Disfrutaban de salarios, de dietas y de unas tarjetas en negro para sus gastos sin ningún control y sin declarar a Hacienda. Los directivos y consejeros de Caja Madrid llegaron a pulirse 15,5 millones de euros con ellas. ¡Viva la barra libre! Con el dinero de los impositores en una caja de ahorros pública, que ha sido vaciada de fondos, ha dejado un reguero de miles de preferentistas estafados y es responsable de un buen número de desahucios. Una caja que ha sido rescatada con dinero público para cubrir los 23.000 millones de euros del agujero producido por el saqueo y la desastrosa gestión.

El PP había puesto al frente de Caja Madrid a Miguel Blesa, un amigo de Aznar, de dudosa solvencia en la gestión financiera como han demostrado los hechos, pero muy aficionado a los lujos de todo tipo. Blesa convirtió la caja en su cortijo para su enriquecimiento personal y para hacer política. Para mantener esta situación y evitar las críticas a su mala y partidista gestión necesitaba implicar a otras fuerzas políticas y sociales. Este es el origen de la existencia de las tarjetas black, del nepotismo con los amigos y de otras complicidades como alguna cutre puerta giratoria para colocar a algún alto sindicalista, algo tan poco estético como ético.

Los hechos son éstos: 15,5 millones de euros gastados por los consejeros y directivos de Caja Madrid [ver desglose de cada uno] en comidas, viajes, ropa, joyas, safaris, dinero en efectivo… en todo aquello que se le pueda ocurrir a un despilfarrador que tira con pólvora del rey. La onda expansiva alcanza a los principales partidos y sindicatos, a la patronal y a la Casa del Rey. Entre ellos hay 28 consejeros del PP, 15 del PSOE, 4 de IU, 10 sindicalistas de CCOO y UGT, y media docena de dirigentes de CEOE. A medida que se van sabiendo los detalles se dispara la indignación y la náusea de una ciudadanía empobrecida y que sufre el paro, los recortes y la crisis.

En el caso Caja Madrid, como en todos, hay dos partes: los que corrompen y los que se dejan. Pero lo cierto es que ni tiene igual valor los escándalos en la derecha que en la izquierda, ni todo es corrupción en las organizaciones. La corrupción es aún peor en los que defienden los principios de los trabajadores y la emancipación social. Nadie se rasgará las vestiduras si el que se enriquece es un ultraliberal que lleva en su ADN la búsqueda de beneficio personal, otra cosa es que robe. Por eso este grandísimo escándalo golpea en la línea de flotación a la izquierda y a los sindicatos. Más aún si se une el tema de los EREs, la gestión de la formación continua y al caso de Fernández Villa (SOMA-UGT).

La responsabilidad no es solo de quien tiene una actuación delictiva y/o contraria a la ética de la izquierda. También alcanza a quien tiene el poder de dirección y mira para otro lado. Hace siete años algunos ya denunciábamos el enriquecimiento súbito e inexplicable de la secretaria general de la federación de banca de CCOO. Y se pedían responsabilidades a la dirección del sindicato que no hizo nada. Ahora vuelve a salir a la luz el tema por la implicación de su marido como consejero de Caja Madrid que gastó 266.400 euros.

Algo parecido ha pasado en IU-Madrid, controlada hace mucho tiempo por un grupo de presión que siempre respaldó a Moral Santín, y que ha hecho que muchos militantes abandonaran la participación. ¡Qué daño hacen estas cosas a una militancia y un electorado de izquierda! La única forma de intentar lavar la sucia mancha es con la dimisión de los responsables que los pusieron ahí, conocieran o no estas prácticas, por complicidad o incompetencia de no haber atajado estas prácticas.

Pero los militantes de IU y los de CCOO, que vienen haciendo una larga travesía del desierto defendiendo las libertades y los derechos sociales, no se merecen que les confundan con ningún tipo de casta. Porque ese es el tema de fondo: no está todo corrupto. Aunque lo sea la cúpula o una parte de esta, los militantes obreros y de izquierda, las organizaciones, no tienen ninguna responsabilidad en lo sucedido. Como mucho, no haber elegido para que les representen a los más honrados y no haberlos vigilados como si fueran ladrones.

El otro día en el telediario de TVE, los sindicatos amenazaban tímidamente con movilizaciones si el gobierno no dotaba los PGE de 2015 de unas partidas económicas para ayudar a los parados sin ninguna prestación. La noticia emitida a continuación fue: dos exsecretarios de UGT de Andalucía imputados por los fraudes. Nada era casual y se puede repetir indefinidamente. Estaban desprestigiando a los sindicatos y quitándoles audiencia y capacidad de movilización entre los trabajadores y la opinión pública. Por eso urge la autocrítica y medidas contundentes para que no haya ningún género de dudas sobre la honradez sindical.

En CCOO ha habido una dimisión y la ejecutiva confederal ha abierto expediente a seis afiliados. Me parece lo mínimo, pero creo que hay que atender a las organizaciones de base como el sindicato de Justicia o los bomberos de Madrid que están planteando cuestiones muy serias como: la expulsión de la organización de todos los que hayan hecho un uso indebido de esas tarjetas cuando se sustancie el expediente, la exigencia de devolución del dinero utilizado ilegítimamente, personación de la organización como acusación popular para que los saquedores afrontes sus responsabilidades fiscales, civiles o penales. También deben dejar sus responsabilidades los que han frenado investigaciones anteriores y/o han sido incapaces de controlar las cosas. Y, por supuesto, crear mecanismos de control interno de la corrupción en las organizaciones para que no vuelva a suceder.

Otra conclusión a sacar es sobre la presencia de los sindicatos y de los partidos en los órganos de gobierno y control de las empresas. El caso de Caja Madrid demuestra que no suponía ninguna cogestión ni siquiera control de la gestión, solo ser aceptados en la mesa de los ricos con los resultados conocidos, por tener en la propia cabeza el modelo que se dice combatir.

La corrupción se está demostrando mucho más agresiva que el ébola en su capacidad de contagio. Veamos si no como a partir de Blesa se ha contaminado a todos los consejeros y directivos de Caja Madrid de todos los partidos y sindicatos; como a través de Gürtel a una parte importante de la estructura y ayuntamientos del PP; Bárcenas a la cúpula de ese mismo partido: los EREs andaluces, la formación y un largo etcétera. Urge un protocolo de prevención de la corrupción, reforzar su combate desde el código penal y las fiscalías, y medidas de saneamiento y regeneración democrática radicales. No deben ser retoques cosméticos. Una medida ejemplarizante sería la dimisión de Rajoy por el ‘caso Bárcenas’ para que tengan credibilidad las propuestas de regeneración. Tolerancia cero a la corrupción tanto política, como organizativa, electoral y judicial. La impunidad de la corrupción amenazaría a la propia democracia. No se puede tapar el sol con un dedo delante de los ojos: la luz, la verdad, acabará cegando a quién lo pretenda.

Un artículo de Agustín Moreno, para Cuartopoder.

No hay comentarios:

Publicar un comentario