martes, 30 de septiembre de 2014

¡INDEPENDENCIA! ¿DE QUIÉN? ¡DE LA UNIÓN EUROPEA!


El mantra del soberanismo y del independentismo recorre Europa como un potro veloz, como una respuesta de la oligocracia de muchos países (o territorios dentro de ellos) frente a la actual crisis sistémica que padecemos. Pero cabría preguntarnos: ¿es realmente la solución? Actualmente, venecianos en Italia, flamencos en Bélgica, Niza en Francia, o catalanes y vascos en España, forman sólo una pequeña parte del total de movimientos independentistas que alberga la Europa neoliberal, la Europa de los mercaderes, la Europa gobernada por la Troika comunitaria, fiel obediente de las instituciones más reaccionarias y representantes del gran capital. Pero proyectos independentistas existen por toda Europa, del orden de 40, en casi todos los países del viejo continente. Si a ellos le sumamos los partidos ultranacionalistas, xenófobos y racistas, que son como la otra cara de la misma moneda, tales como el UKIP británico, tenemos un cóctel de sensibilidades excluyentes, que más que contribuir al reclamado consenso del "proyecto europeo", nos separan de él.

No ya sólo la crisis económica, sino el auge del neofascismo, las vueltas de tuerca de una insensible y fanática política neoliberal, así como la agresiva política exterior de la UE, con la reciente alineación, complicidad y servilismo con el hostigamiento de la OTAN a la Federación Rusa (a través de su particular instrumentalización de Ucrania), han convertido la pertenencia a este selecto club europeo de los países que utilizan el Euro en un auténtico lastre para toda sociedad que se precie de ser justa y avanzada. No sólo el reciente referéndum escocés, sino toda la ola de nacionalismos europeos, se ofrece a la población como alternativa a continuar sufriendo el yugo de las actuales políticas "recomendadas" por la Troika comunitaria, y que ahogan las aspiraciones de una vida digna por parte de la mayoría social. Y así, tenemos partidos independentistas en Laponia, en Albania, tenemos el nacionalismo bávaro en Alemania, el nacionalismo flamenco (que pretende constituir la República de Flandes), la propuesta de República de Bosnia Occidental, el Condado de Istria en Croacia, el nacionalismo bretón al norte de Francia, la propuesta de Países Catalanes, el Frente Nacional para la Liberación de Córcega, el Movimiento de Independencia de Sicilia, entre otros, como claros ejemplos de la fuerza que posee esta tendencia hacia el separatismo de sus respectivos países o Estados.


Mientras, podemos comprobar cómo en cada Estado donde se plantean movimientos secesionistas, la clase dominante manifiesta su más clara y firme preocupación (cuando no intentan impedirlo, como aquí en España) porque estos movimientos no consigan sus objetivos...¿porqué será? La explicación está bien clara: vivimos en la era (cada vez más extendida a nivel mundial) del capitalismo globalizado (esa que se ha dado en llamar la era de la globalización), donde los intereses del gran capital, a fuerza de su tremendo poderío internacional, se han aliado y se han expandido por todos los continentes. Las alianzas del gran capital suman inmensa mayoría a escala global, y sólo unos pocos países se oponen y se enfrentan a este dominio transnacional, que se manifiesta en alianzas, gobiernos y empresas que poseen el poder más absoluto, y que imponen su ley a sangre y fuego en todos los países y continentes donde están instalados. Y el gran capital sabe que precisamente la unión a escala global de representantes de sus intereses es la mejor garantía de que el chiringuito siga funcionando. Así que, evidentemente, cualquier experiencia de independentismo que se plantee, es una clara amenaza de que en dicho país puedan gobernar otras clases, otros intereses, otros objetivos. Y claro, ellos no lo pueden permitir.

Y por ello lanzan veladas amenazas a la población (como acaban de hacer con Escocia, y están haciendo con Cataluña) para que adopte una actitud precavida, conservadora, en contra de las posibles independencias. Amenazan con que los bancos van a desmontar sus sedes, con que las grandes empresas se van a deslocalizar, con tremendas fugas de capitales, con que las pensiones y jubilaciones no van a poder pagarse, amenazan con que la deuda no va a poder financiarse, con un supuesto aislamiento de dichos países o naciones que se independicen, amenazan en fin con un caos social y económico de gran envergadura, para que la ciudadanía se lo piense bien antes de elegir la opción independentista. Pero con ello no pueden acallar las protestas sociales, ni el auge de los movimientos separatistas, ni el crecimiento de los movimientos neonazis, ni por supuesto, el aumento de los índices de pobreza, precariedad y exclusión social que vive gran parte de la población europea, que ve con desesperanza cómo el otrora ilusionante proyecto europeo sólo les perjudica, mientras las élites políticas y económicas se enriquecen cada vez más.

Desde la izquierda, no obstante, entendemos que estos movimientos no son la solución a los problemas que padecemos, porque, como hemos indicado, el nacionalismo y el neofascismo son maninfestaciones, en el fondo, de una misma actitud, la actitud excluyente y xenófoba de quienes pretenden perpetuar, haciendo uso del componente de la sensibilidad identitaria, los intereses de la clase dominante. Da igual por tanto en qué escala nos movamos, si es una escala más local o más global, estos movimientos no representan la solución, porque suponen una involución en sus respectivos pueblos del carácter más autoritario de las élites gobernantes. Nos equivocamos por tanto en el enemigo, y en el ámbito. Porque nuestro enemigo, el enemigo de las clases populares y trabajadoras, no son el resto de los países, cuyas clases populares y trabajadoras están sufriendo los mismos ataques que nosotros. Nuestro enemigo real es el enemigo de clase, es decir, es la clase dominante, la burguesía, la oligocracia, o si se quiere, la casta, ese término que ha puesto tan de moda la formación política Podemos. Y en cuanto al ámbito, tampoco nuestro enemigo es el país donde se reconoce nuestro Estado (el Estado Español, el Estado Francés, etc.), sino el contexto donde verdaderamente se ejecutan las políticas que nos están llevando al desastre. En nuestro caso, la Unión Europea. Allí es donde se deciden, se diseñan y se planifican las auténticas políticas que luego son "sugeridas" (de obligado cumplimiento) a los respectivos Estados miembro, y desde allí es donde controlan que efectivamente sigamos sus hojas de ruta.

Estos son nuestros auténticos enemigos. El problema no es sólo local, es global, es internacional, pero se da, en nuestro caso, en el contexto europeo. Nuestro enemigo es un enemigo de clase, y se encuentra en el ámbito europeo. Europa, entendida como la actual arquitectura de esta Unión Europea, es quien tiene secuestrada nuestra soberanía nacional, es quien diseña y obliga a implementar las políticas que nos hacen cada vez más pobres, para que otros se hagan cada vez más ricos. Porque en esta Unión Europea, quienes gobiernan, a nivel de todo el continente, son las mismas clases dominantes que gobiernan en cada uno de los Estados miembros, y por eso los intereses son los mismos. Por eso Rajoy, y Merkel, y Hollande, y Cameron, y la inmensa mayoría de los líderes europeos creen a pies juntillas en los dictados de esta UE, se esfuerzan en complacerla, ya que obedecen a los mismos intereses, que son, al fin y al cabo, intereses de clase. ¿De qué nos serviría entonces obtener una supuesta "independencia" de nuestros respectivos países, si seguimos bajo el yugo de la UE? ¿Qué sentido tiene ser independientes de una unidad supranacional, cuando a nivel nacional los intereses de clase que gobiernan son los mismos? ¿Qué vamos a conseguir haciéndonos independientes de tal o cual nación, si vamos a continuar practicando las mismas políticas, obedeciendo a los mismos objetivos? Los posibles procesos constituyentes más o menos locales que se puedan ir formando se equivocarán de enemigo si sólo persiguen obtener un poder independiente, se estarán engañando, porque esa supuesta "independencia" será una ilusión, nunca una realidad.
 
Sólo podremos recuperar la auténtica soberanía, y por tanto la verdadera independencia, si conseguimos independizarnos de los intereses y de los objetivos de la clase dominante, y ésta se encuentra, en primer lugar, en Europa. Después tendremos al mismo enemigo en casa, pero teniendo claro a quién tenemos que enfrentarnos, nos será más fácil derrotar a nuestro enemigo de clase "local", es decir, a la clase dominante de nuestros respectivos países. Pero la independencia hemos de obtenerla con respecto a ese fanático club de ultraliberales, a ese nido de burócratas capitalistas que sólo obedecen a los mercados, y que veneran al sacrosanto poder de la banca privada. Mientras no seamos capaces de independizarnos de ellos, de la clase dominante al más alto nivel, no tendrá sentido ninguna independencia, ya que, en realidad, no habrá ningún avance en la soberanía de ningún pueblo. En nuestro caso más cercano, los catalanes que pretenden un nuevo Estado soberano dentro de la Unión Europea se equivocan de cabo a rabo, ya que dentro de la UE, no existe soberanía posible. Y lo peor, es que están utilizando, desde hace mucho tiempo, este argumento para convencer a las clases populares y trabajadoras de Cataluña de que cuando este objetivo se consiga, ellas vivirán mejor. Gran decepción van a llevarse, si consuman su objetivo.

Un artículo de Rafael Silva Martínez.

Azpijoko ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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