martes, 26 de agosto de 2014

POLÍTICOS PROFESIONALES Y DEUDA SOBERANA


Los políticos de los dos partidos principales que viven de la política y los periodistas de los medios oficialistas que viven de apoyarles o criticarles, hablan y escriben como si fuera de ambas facciones no hubiera salvación y no hubiera otra solución distinta al pago estricto de la Deuda...

En todo caso la política es una profesión. Sobre todo para muchos que, a juzgar por los acontecimientos a lo largo de estos 36 años, han ido a ella "para forrarse", como dijo en una conversación grabada otro ilustre rufián del partido conservador. Una profesión, sí, pero como tal, sin control académico, sin escuela o universidad que certifiquen la idoneidad suficiente para ser ejercida con decoro en bien del pueblo, que es su única finalidad; como a los mandos del ejército, para servir a la patria, o al común de los profesionales de otras profesiones, para garantizar sus aptitudes a quienes requieren sus servicios, estas sociedades les exigen...


Y puesto que no es necesario ninguna destreza específica para gobernar porque bastan el sentido común, la honradez y la prudencia, y la elocuencia está definitivamente postergada al haber quedado reducida a labia y palabrería (la mayoría de las veces los políticos se limitan a leer en los parlamentos textos escritos por otros, lo que a su vez explica que no haya correspondencia ni congruencia entre las iniciativas, propuestas e interpelaciones de uno y las respuestas del otro), ¿qué autoriza a los que están en el poder a acusar de incompetentes a quienes, a través de movimientos ciudadanos irrumpen en la palestra de la Política? Precisamente, lo que esos movimientos se proponen es lo que urge: romper tanto la alternancia como la ortopedia de los dos partidos principales que han arruinado a este país; mejor dicho, que han arruinado progresivamente a grandes mayorías para enriquecer a minorías,mientras los que no hemos tenido responsabilidad ni culpa nos hacemos cargo de la Deuda soberana...

Así es que no se puede dar más crédito a ninguno de los dos partidos que lo han agotado a lo largo de casi cuatro décadas. La caída del bipartidismo (la caída al menos moral pues si volviesen a ganar será con argucias y con una ley electoral que les favorece) es fácilmente pronosticable, pues hay mucha más ciudadanía damnificada y desolada que favorecida y acomodada. Razón por la cual el número de quienes van a ir depositando su esperanza en los movimientos ciudadanos coaligados, sin duda va a ir en progresión. Ellos tomarán el relevo y forzarán la quita de la Deuda. Otros países también la han negociado. Hay causa suficiente.

Alexander Sack, un jurista especializado en derecho financiero internacional y profesor de Derecho en París, propuso en 1927 el concepto de "deuda ilegítima u odiosa" para definir a aquella deuda que un Estado había contraído cuando su población se oponía a ello, que no había repercutido positivamente en la ciudadanía y en la que los prestamistas sabían con certeza que dicha deuda era contraria a los intereses del país, y por tanto, en caso de que la población consiguiese librarse del gobernante que había endeudado al país bajo esas premisas, ni el gobierno sucesor ni las arcas públicas deberían hacerse cargo de dichas deudas. Precisamente las condiciones que se dan en España.

España, los nuevos gobernantes convencerán a sus acreedores de que la nuestra es una deuda odiosa e ilegítima y en consecuencia, tras la consiguiente auditoría, negociarán la correspondiente quita. Sólo así podrán resolverse los gravísimos problemas sociales que soporta por la incompetencia, por la incuria, por el despilfarro y por el saqueo metódico de las arcas públicas de numerosos políticos y gobernantes territoriales y centrales. Sólo por ahí podremos encontrar la luz en este presente tenebroso y en el futuro que, de otra manera y hoy por hoy, no tiene cabida en la esperanza.

Un artículo de Jaime Richart

Azpijoko ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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