miércoles, 9 de julio de 2014

IRAK, UN NUEVO INTENTO DE BALCANIZAR LA REGIÓN


Detrás de la nueva escalada de violencia en Irak, aparece una vez más la mano de Estados Unidos por seguir fragmentando Medio Oriente. El petróleo, el fracaso tras la invasión de 2003, Siria y Kurdistán, las claves del conflicto.

El Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL), grupo islámico terrorista influenciado y conformado al calor de Al Qaeda, es parte, sin dudas, de una excusa perfecta para la Casa Blanca en su plan de división de Medio Oriente. Duramente golpeado en Siria por las Fuerzas Armadas de ese país, el EIIL se trasladó a Irak con el equipamiento entregado por Estados Unidos y sus aliados, como son las monarquías del Golfo Pérsico y Turquía.

Bajo la consigna de conformar un califato en la frontera siria-iraquí, y con una interpretación ortodoxa del islam, el EIIL es responsable de cruentas masacres y su accionar responde a su incapacidad de llegar a la población. En el caso de Siria, sus ataques a poblados dejaron como saldo miles de muertos, mientras que su prédica apenas tiene injerencia en la sociedad. Amnistía Internacional (AI) denunció a este grupo por realizar “torturas y ejecuciones sumarias” dentro de “centros de detención clandestinos” que poseen en suelo sirio.


Mientras tanto, el petróleo en territorio iraquí sigue en juego. Aunque el actual conflicto en Irak se presente como una lucha entre sunnitas y chiítas, el problema tiene varios vértices. Es claro que Estados Unidos no tiene capacidad para controlar Irak de manera plena, algo que repercute en su proyecto económico y geopolítico para Medio Oriente.

Ante este complejo panorama mostraremos algunos puntos para intentar desmarañar lo que ocurre en territorio iraquí:

Desde la invasión en 2003, Estados Unidos no logró la estabilidad necesaria en el país. Por más que sus soldados controlaron los pozos petroleros y las grandes firmas estadounidenses realizan millonarios negocios, ese recurso sigue en manos del Estado iraquí. La “estabilidad” que Washington intentó plantar en Irak a sangre y fuego -y el presidente iraquí Nuri Al Maliki es parte de ese modelo-, viene eclosionando cada vez más rápido. Ya sea el gobierno de Estados Unidos, o sectores dentro de esa administración, ahora han reflotado un plan que siempre estuvo entre las prioridades de la Casa Blanca: la división de Medio Oriente en pequeños estados, fáciles de controlar y de esta forma extraer sus riquezas.

Lo único concreto que Estados Unidos dejó en Irak tras la invasión fueron ciento de miles de muertos, dos millones de refugiados y siete millones de desplazados, a lo que hay que sumar la destrucción de recursos naturales e infraestructura.

El gobierno autónomo del Kurdistán iraquí, territorio en el que se encuentran las mayores reservas de hidrocarburos, también avanza hacia ciudades que no estaban bajo su control. El viernes pasado, el mandatario de esa región, Masud Barzani, defendió el control sobre la ciudad petrolera de Kirkuk y otras zonas del país. Barzani expresó esta postura junto al canciller británico, William Hague, que visitó la ciudad de Erbil.

Además de Kirkuk, las fuerzas del gobierno kurdo dominan la localidad de Al Tuz, en la provincia de Saladino (al norte de Bagdad); la de Sahl, en la provincia septentrional de Nínive; y varias partes de la de Diyala (noreste). Aunque Hague dijo que su país no “intervendrá” para la formación de una nueva administración iraquí, manifestó que existe “una tendencia general de suníes, kurdos y muchas partes de los chiíes para formar un Ejecutivo”. Barzani, representante de la burguesía kurda, también se reunió con el secretario norteamericano de Estado, John Kerry, quien llamó a conformar un nuevo gobierno central. El “gobierno de unidad” que respalda la Casa Blanca y sus aliados suena más como una herramienta de presión sobre Al Maliki, que como una forma de rescatar a Irak del caos.

El periodista Thierry Meyssan, en su artículo “Yihadismo e industria petrolera”, denunció que el petróleo robado por el EIIL se comercializa a través de Aramco, compañía conformada por Estados Unidos y Arabia Saudita. Este hecho fue puesto sobre el tablero durante el congreso mundial anual de firmas petroleras que se realizó en Moscú entre el 15 y 19 de junio pasados. Meyssan agregó que el EIIL ya controla los dos principales oleoductos del país: una llega a la región Siria de Banias y el otro al puerto turco de Ceyhan. El primero fue cerrado por los terroristas, el otro sigue activo despachando hidrocarburos hacia uno de los países aliados al EIIL.

Días atrás, el gobierno de Al Maliki había denunciado el robo del petróleo del Kurdistán iraquí. El mandatario también acusó a Arabia Saudita y a Qatar “de incitar y fomentar los movimientos terroristas”, además de financiarlos. Arabia Saudita y Qatar, las mismas monarquías señaladas de solventar el terrorismo en Siria.

La situación en Irak está íntimamente ligada a lo que ocurre en territorio sirio. Hay recordar que dentro de la Liga Árabe (LA), Al Maliki se negó a retirar a su embajador de Damasco y tampoco respaldó las resoluciones que condenaban al presidente Bashar Al Assad. El objetivo que tiene Estados Unidos por derrocar al mandatario sirio es claro y público, ya que en varias oportunidades Barack Obama expresó este deseo. Y si bien el EIIL opera en Siria y discursivamente la Casa Blanca rechaza su accionar, el gobierno de Washington anunció una nueva partida de dinero para los grupos opositores sirios.

Esta vez, Obama solicitó al Congreso estadounidense 500 millones de dólares para “equipar y entrenar” a la “oposición moderada” en Siria. El pedido no explica qué tipo de material se enviará y cómo será entregado. En un comunicado, Washington indicó que el dinero servirá para “defender al pueblo sirio a estabilizar las zonas que están bajo su control, a facilitar los servicios básicos, a enfrentar las amenazas terroristas y a promover las condiciones para un acuerdo negociado”. En más de una oportunidad, el gobierno de Damasco, como también sus aliados en la región, denunciaron que la ayuda es entregada a organizaciones terroristas, como el Frente Al Nusra, el Ejército Libre Sirio (ELS) y al propio EIIL.

En la compleja situación iraquí también entran en juego los ex partidarios del presidente Sadam Hussein, derrocado por Estados Unidos en 2003. El EIIL cuenta con el apoyo de los milicianos de Naqshbandi, organización que agrupa a los seguidores de Izzab Ibrahim Al Dauri, quien dirigió al partido político Baas tras la ejecución de Hussein. En el artículo “Irak: Vieja conjura con renovada fachada religiosa”, el analista cubano Ulises Canales señaló que Naqshbandi es la garantía para que el EIIL “pueda avanzar hacia Bagdad y dejar a sunitas en poder de las localidades que han ocupado”, como Mosul y Tikrit. Igualmente, el grupo de Al Dauri no se identifica con el islam ortodoxo del EIIL y su alianza sería táctica para acercarse al poder central.

Por más que los grandes medios de comunicación han difundido la noticia de que Irán estaría dispuesto a colaborar con Washington, todavía no se conoce un anuncio oficial de Teherán al respecto. El gobierno de Hassan Rohani afirmó que ayudará al Ejecutivo iraquí contra los ataques del EIIL, pero que no enviará fuerzas a esa nación. El guía supremo iraní, ayatola Alí Jameneni, manifestó la oposición de Teherán “a que Estados Unidos realice otra intervención en Irak”. La máxima autoridad religiosa aseveró que las “autoridades estadounidenses están tratando de presentar esto como una guerra sectaria, pero lo que está sucediendo no es una guerra entre chiíes y sunníes”.

Por su parte, el Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Irán, general Hasan Firuzabadi, denunció que el EIIL es “un truco del régimen de Israel para alejar a las fuerzas revolucionarias de sus fronteras y crear un lugar seguro para los sionistas”. La postura de Irán será de suma importancia en esta nueva coyuntura, teniendo en cuenta que en los últimos años los gobiernos de Teherán y Bagdad han desarrollado una nueva política diplomática y de acuerdos, algo mal visto por Estados Unidos.

Entre tantas conjeturas y complejidades que muestra el futuro iraquí, algo cotidiano y concreto sucede en esa tierra: los aviones ya sobrevuelan bombardeando poblados y cobrándose la vida de decenas de personas. Y las declaraciones emitidas por la Casa Blanca contra el terrorismo vuelven a sonar repetidas y cargadas de un doble discurso conocido por todos.

Un artículo de Leandro Albani.

Fuente del artículo:  Barómetro Internacional.

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