lunes, 16 de junio de 2014

LA CULTURA COMO BARBARIE


El régimen del 78, favorecido por los fastos del 92 y del 98, ha impuesto un modelo distorsionado y desmemoriado de la cultura hasta el presente, olvidando sus desmanes y abusos del pasado.  

Un ejemplo será suficiente. Al entregar el Premio Príncipe de Viana de la Cultura el año pasado, en una ceremonia tan cortesana como banal, Felipe de Borbón y Grecia caracterizó en su discurso lo que él entendía por cultura: “La cultura de calidad es un bien que repercute en toda la sociedad e impulsa el progreso, el bienestar, la creación de empleo y la economía”.

En el mismo acto, cuando elogió al premiado, resumió la función del lenguaje que ha de emplear esa cultura: “Lo hace en un lenguaje claro y directo, comprensible para todos, y con un espíritu moderado y positivo”.

Este es el modelo cultural preferido por las élites: una cultura de consumo para todos los públicos, sin crítica, amable, positiva, moderada, amnésica, vertical y economicista. Lo que se ha llamado Cultura de la Transición es, a fin de cuentas, una expresión de esta barbarie, pues, como bien apuntó Walter Benjamin, no hay un solo documento de cultura que no lo sea a la vez de barbarie.

Debido a esta barbarie, aunque ya nadie se acuerde, hubo una vez una ministra de cultura, aficionada a las corridas de toros y a los aparcamientos indebidos, que fue capaz de decir que los libros son como los zapatos. Sin embargo, hasta hoy nadie ha leído zapatos, ni se ha calzado libros. Y, por supuesto, que te lean un libro no equivale a que te pisoteen.

Un artículo de Ignazio Aiestarán, en Diagonal.

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