viernes, 30 de mayo de 2014

LADRAN...LUEGO "PODEMOS"


Populistas, estalinistas, nazis, fascistas, proetarras, violentos, totalitarios, autoritarios, extremistas, etc. Son algunos calificativos a los miembros del partido Podemos que he podido ver y leer en los días posteriores a las elecciones europeas. El sistema se ha puesto nervioso y ha sacado a sus perros mediáticos a ladrar.

No hay argumentos, sólo insultos y descalificaciones, pero para los que creen en ciertos medios y personajes, eso funciona. Porque mucha gente, por desgracia, no se detendrá a pensar un poco en lo que oye, como "¿por qué les llaman populistas? ¿y qué es un populista exactamente?". No hace falta responder a esas preguntas, porque a "populista" ya se le ha dado una connotación negativa muy concreta y se ha moldeado para el uso y disfrute del sistema, así que lo usarán como un dardo envenenado cuando les convenga.

Igual que "chavista", que suena muy mal, porque los medios llevan 15 años asociando el término a cosas malas, ¿o no tiene todo el mundo claro que Chávez era un dictador y que ha llevado Venezuela a la ruina? Claro que sí, lo sabe la gente porque se lo han dicho muchas veces. Así que si Pablo Iglesias muestra simpatías por Chávez, es un chavista, lo que es terrible, y además quiere convertir a España en un "régimen bolivariano" totalitario y bla bla bla. No es éste el lugar para discutir si el gobierno de Chávez, o ahora el de Maduro, ha sido bueno, malo o regular para los venezolanos; quien tenga interés investigará un poco y verá si hicieron algo positivo o no, si son dictadores o llegaron al poder a través de elecciones limpias, etc. Y quien no tenga interés en la realidad, pues se conformará y complacerá con esa propaganda tan burda y vacía.

Del mismo modo, es habitual decir que las propuestas de Podemos son utópicas, que no pueden llevarse a la práctica. Nunca se explica por qué, claro, pero hay que decirlo. Porque si no fueran utópicas sino factibles, ¿por qué no las propusieron otros antes? Así que si una propuesta suena bien para la gente, automáticamente se dice que es inviable, que quien la propone está fuera de la realidad y engañando a la gente. El tertuliano de turno acompañará tal sentencia con una mueca de desaprobación o una sonrisa burlona, y ahí quedará todo.

¿Cómo despertar una mínima curiosidad en la gente, un asomo de crítica al discurso dominante? No puede hacerse abrumando con datos a la audiencia, eso sólo crea confusión y rechazo. Hay que elegir primero un dato, y centrar al ciudadano en él, que lo observe con atención y entienda qué significa, que lo pueda masticar y digerir.

Por ejemplo, el fraude fiscal, que según un reciente informe de Oxfam representa una pérdida para España, en relación a otros países de la UE, de más de 40.000 millones de euros (1) Este dinero, ROBADO a los ciudadanos, resulta ser equivalente a los recortes pensados para 2013 (2) ¡Vaya sorpresa! Resulta que es falso que no hay dinero, sólo hay que obligar a los chorizos, en un 72% grandes fortunas y empresas, a que dejen ese dinero en España para el beneficio de la población. ¿Por qué no se hace nada serio al respecto?

Es sólo un sencillo dato, pero suficiente para cuestionar los mantras típicos del discurso oficial, "no hay dinero", "hay que hacer sacrificios", "no podemos seguir viviendo por encima de nuestras posibilidades", etc. Así que, ¿cuál es la propuesta utópica, que podemos tener un buen estado del bienestar o que podemos detener a los delincuentes fiscales?

Sea como sea, lo que está claro es que si Podemos quiere llegar a mucha gente, tendrá que hacer un esfuerzo pedagógico titánico, buscando la presencia en los medios y en la calle y formando a muchos comunicadores como Pablo Iglesias, porque la personalización es una táctica básica de la propaganda y una debilidad de cualquier movimiento ciudadano, como ha pasado con la PAH y Ada Colau. Sólo cuando se consiga implicar masiva y activamente a la ciudadanía, cuando la gente sienta su destino como suyo, el nombre Podemos adquirirá su pleno sentido.


Un artículo de Javier Adler, en Rebelion.

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